Agrupaciones K cordobesas, entre la desaparición y la tentación del PJ

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Las numerosas agrupaciones que componían el kirchnerismo cordobés se debilitaron tras el inicio de la gestión de Macri. Lejos del poder, muchos dirigentes se acercaron al peronismo provincial y otros mantienen un rol más testimonial que militante.

La salida del gobierno de Cristina Fernández y los posteriores procesos políticos en las dos vertientes principales de lo que fue el Frente para la Victoria dieron paso a una reconfiguración del tejido kirchnerista en Córdoba.

Tanto entre los sectores autodenominados progresistas como en los grupos ligados al peronismo, el nuevo rol opositor, la falta de espacios de poder gubernamental, la merma de recursos y los intentos de cooptación por parte del poder provincial aparecen como causas de un nuevo ordenamiento en las estructuras de militancia y soporte K a nivel local.

Movimiento Evita. Durante los últimos años del kirchnerismo, esta agrupación era la de más peso en lo referido a estructura de dirigentes territoriales y adherentes de base peronistas.

 Esa impronta derivó en claras exhibiciones de pragmatismo: el Movimiento Evita había sido el primer sector en acordar con Eduardo Accastello cuando el exintendente de Villa María se convirtió al kirchnerismo y fue, a la postre, el primero en aliarse a Unión por Córdoba tras la victoria de Mauricio Macri.

El exdiputado Andrés Guzmán ejemplificó eso en el Congreso de la Nación durante junio del año pasado, tras distanciarse del kirchnerismo y pasar a jugar con el peronismo cordobés. Antes, en marzo de 2016, el legislador Ricardo Vissani ya se había acercado a Unión por Córdoba, lo que permitió que el oficialismo provincial contara con cuórum propio en la Unicameral.

La Cámpora. Tuvo un rol central en la construcción militante y Córdoba no fue la excepción, pero diferencias sobre prácticas políticas y una vocación de poder más vehemente que el resto de los agrupamientos generaron disputas internas y fragmentaciones en todo el espectro K mediterráneo.

El advenimiento del gobierno de Cambiemos a nivel nacional no llevó a La Cámpora a un rol mucho menos preponderante en el mapa kirchnerista cordobés, pero sí a una reducción drástica de su poder real. Sigue siendo liderado por Gabriela Estévez, extitular de la Anses Córdoba y diputada nacional.

La Jauretche. Fue la vertiente que más se identificó con las políticas sobre derechos humanos del período kirchnerista, al punto que el abogado Martín Fresneda llegó al cargo de secretario nacional de esa área. Por la posición central de dicho tópico en la discursividad del kirchnerismo, La Jauretche ocupó un rol articulador entre todos los subgrupos del Frente para la Victoria local.

Hoy el espacio sigue encabezado por Fresneda y mantiene su impronta vinculada a la irradiación de ideas más de corte nacionalista que de trabajo territorial.

Sin embargo, La Jauretche quedó desmembrada: el schiarettismo consiguió romper parte del núcleo obteniendo las adhesiones de Soledad Ferraro y de Marcos Amantes, quienes ahora son funcionarios provinciales y fundaron una línea interna no K a la que llamaron Pueblo Peronista.

Kolina. El espacio mentado por Alicia Kirchner, exministra de Desarrollo Social de la Nación, tuvo como referente en esta provincia a José Bianchi. Hasta el fin del mandato de Cristina Fernández, la agrupación ostentaba cierta relevancia por derrame del poder familiar presidencial y por la disposición de fondos y de programas. Sin embargo, se desdibujó gradualmente. El año pasado influyó poco a la hora de la construcción del nuevo liderazgo del kirchnerismo regional, encarnado por el actual diputado nacional Pablo Carro.

CTA. Carro llegó a la posición que hoy tiene tras conducir durante años el gremio de docentes universitarios en Córdoba (Adiuc). Fue creciendo en visibilidad por su participación en la política universitaria y por su llegada a la secretaría general de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) en esta provincia. Esa entidad nuclea a un grupo significativo de gremios, entre los que se encuentra la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE).

Los Saillen. Otra de las referencias sindicales es la familia Saillen, depositaria de todo el poder del Surrbac, el sindicato de recolectores de basura. Con reminiscencia más propia del peronismo que del progresismo versión K, Mauricio Saillen, secretario general del Surrbac, viene jugando la pulseada por conducir el kirchnerismo local. Creó una bifurcación de la CGT en Córdoba (CGT Rodríguez Peña) y pudo colocar a su hijo, Franco Saillen, como legislador provincial.

Nuevo Encuentro. Este partido fue otra de las patas no peronistas del kirchnerismo en Córdoba. La cara más visible de esa línea es Carlos Vicente, quien fue viceintendente en la gestión de Daniel Giacomino al frente de la Municipalidad de la ciudad de Córdoba. En la actualidad, su participación quedó reducida a un rol testimonial más que de militancia.

Forja. Emparentado con ese ecosistema ideológico, este espacio que alguna vez integró a radicales disidentes enroló en Córdoba a Daniel Giacomino y a Juan Pereyra, exintendente de Villa Dolores. Este último todavía es diputado nacional. Si bien mantiene su sintonía con el kirchnerismo parlamentario, crecen los rumores sobre un supuesto acercamiento con el PJ cordobés.

El capítulo Villa María

Eduardo Accastello, exintendente de Villa María, fue el dirigente cordobés con mayor visibilidad durante el kirchnerismo. Luego de diciembre de 2015, el escándalo de la financiera CBI y una complicada relación con el gobernador Juan Schiaretti lo mantienen en la actualidad con un perfil subterráneo.

Accastello lideró el grupo de intendentes K en Córdoba. Pero eso acabó, por dos motivos: su falta de preponderancia en el mencionado espectro y, otra vez, la habilidad del peronismo cordobés para tentar a dirigentes como el exdiputado y exjefe del Ejecutivo de Villa Totoral, Ernesto Bernabey.

La saga de desmembramientos kirchneristas en Villa María incluye la conversión al PJ del intendente Martín Gill, exponente del cristinismo en la época en la que fue rector de la Universidad Nacional de esa ciudad. También el traspaso de Nora Bedano, exesposa de Accastello y actual titular de la Agencia Córdoba Cultura.

En simultáneo a la inclusión de Bedano en el organigrama, Fernando Salvi, legislador por Tercero Arriba que había entrado inscripto en la lista de Córdoba Podemos, pasó a formar parte del bloque de Unión por Córdoba.