El caso Rosso y las redes sociales

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El hecho conmovió a Brinkmann y a la región y tuvo repercusiones provinciales y nacionales.

Luego de 15 días de trabajo policial y judicial – impecable y profesional – la labor periodística no tuvo, en algunos casos, en los momentos culminantes, la cordura y jerarquía que le correspondía.

Las redes sociales, poderosos instrumentos en tiempos de la post verdad, renovaron el peligroso e irresponsable concepto de la primicia.

Hubo anticipos confirmados sin chequeos adecuados, supuestas filtraciones de información reservada y la aparición de algún importante dirigente  devenido en comunicador espontáneo de las redes de WhatsApp apoyado por aduladores de turno.

¿Cuántos realmente usamos las redes con responsabilidad y con un propósito mejor que el entretenimiento momentáneo?. Y subo la apuesta… ¿cuántos periodistas usamos las redes como vehículos democráticos  de la difusión del conocimiento  y de la información?, ¿somos cómplices de promover al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad como bien apunta Umberto Eco ?

“Las redes sociales, dice el pensador italiano, han generado una invasión de imbéciles que le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios”, “El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”.

¿ Somos parte de la distorsión deliberada de la realidad, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales?. ¿ Desconocemos los hechos objetivos permitiendo que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales sean asumidas como  verdades reveladas ?.

Las vanidades y la búsqueda de legitimación movilizan un maratón de confirmaciones ansiosas y desbocadas de la mayor cantidad de “me gusta”  y de los exponenciales “compartir” que multiplican por miles imágenes y contenidos promotores de ratings.

Sirva esta experiencia periodística para analizar el  ejercicio del poder de informar, sus consecuencias y la necesaria auditoría ética de nuestra labor cotidiana. No nos ubiquemos a la altura del tonto del pueblo como portador de la verdad. Estamos para otra cosa, más aún, en comunidades como las nuestras –pequeñas- donde las audiencias son visibles y fácilmente  identificables. No desperdiciemos ese contexto extraordinario para el buen hacer. La fama encandila y envanece.

Rosso

 

Por: Raul Possetto

Fuente: Universal Medios