Crónica de un dolor que sólo calma el cannabis

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A Elba en 2002 le hicieron una masectomía doble por un diagnóstico equivocado en un  hospital de La Pampa. La operación le dejó un dolor neuropático crónico refractario. Ahí empezó su calvario: infecciones, 19 operaciones, analgésicos y un largo sufrimiento. En 2017 probó el tratamiento con cannabis. En una semana dejó la morfina y pudo calmar el dolor. Los últimos tres meses no pudo conseguirlo y tuvo que volver a los opioides. Ahora presentó una medida para que la autoricen a cultivar el cannabis en su casa y no la persigan. “Quiero que se cultive en el INTA, como dice la ley. Que sea un derecho para todos los que tenemos dolor”. reclama Elba.

Fotos: Joaquín Salguero

“En 2002 fui al hospital porque tenía dolor en las mamas pero me hicieron un mal diagnóstico: dijeron que podía ser cáncer, que me tenía que operar ya. Me extrajeron todo. Después de la operación mandaron a analizar unas muestras y tenía displasia mamaria. Algo que tienen muchas mujeres y se controla con medicación, generalmente se produce en mujeres que han amamantado mucho. Cuando terminan de hacerme la mastectomía y colocarme los implantes aparece una infección y eso desencadena todo el proceso de operaciones: las suturas se abrían y una de las prótesis se rompió. Decían que mi cuerpo provocaba las infecciones. En total tuve 19 operaciones. En el amparo para conseguir aceite de cannabis se mencionan 14 porque algunas fueron pequeñas”.

Elba está sentada al borde de una cama de plaza y media, en el cuarto de un modesto hotel del barrio porteño de Once. Afuera llovizna. Le trajeron el desayuno a la cama porque no anda el ascensor. Voló desde Santa Rosa, La Pampa, para venir a la fiesta de egresados de uno de sus cuatro hijos. La pasó mal. Dice que veía a los demás padres y madres bailando con sus hijos mientras esperaba sentada en un rincón, cuidándose de no rozar con alguien. Calcula que tampoco su hijo la pasó bien.

“Empiezo con un tratamiento con gamanpetina, que en realidad es un medicamento para las convulsiones pero descubrieron que también calma el dolor. A mí él (por el fotógrafo) recién me tocó el hombro cuando nos saludamos y me duele. La lluvia me duele, cualquier rozamiento con la piel y cualquier vínculo de amor… Mi nieto sabe que me tiene que abrazar el cuello porque a la abuela le duele la espalda. Dejás de sentir el contacto con el otro, de recibir una caricia. Dejás de vivir. Hoy mi vida es respirar. Después me dieron klosidol (un antinflamatorio no esteroideo). En ese tiempo yo estaba postrada en la cama, y no me daba cuenta de que me estaba volviendo adicta al klosidol. Me lo sacaron. Y seguí con morfina. Pero cada vez necesitaba más. La morfina me estropeó el hígado, me dejó sin dientes, me deformó el cuerpo, me deformó la mente”.

En el medio de la entrevista pide una pausa, rodea la cama y se arrincona en la mesita de luz para inyectarse morfina en el Port A Cath, un acceso venoso que lleva en la cintura. Usa una ampolla de 10 miligramos. Un “rescate”, como se dice en la jerga médica. Consiguió reponer el aceite de cannabis hace una semana pero en el interín, que duró tres meses, tuvo que volver a los opioides. “Estoy tomando cinco gotas de aceite cada cuatro horas y ya pasé de los tres o cuatro rescates diarios de morfina a uno”, comenta.

“Pueden decir: ‘¡Qué fácil la tenés! Total no podés trabajar, te pagan siete mil pesos por mes por incapacidad’. Pero yo tampoco me puedo sentar a leer, porque sostener un libro mucho tiempo es peso para mí y me duele porque una parte de los músculos de la espalda me los pasaron adelante, los tengo en el pecho. Fue para reconstruir todo lo que hicieron, tenía todo desecho. Para quedar bien me faltan por lo menos 4 operaciones más, que no me quise hacer”.

El 16 de febrero pasado, auspiciada por la defensoría pública de La Pampa, Elba presentó una medida autosatisfactiva para que le otorguen “formal autorización para el cultivo domiciliario de cannabis” y el estado provincial se abstenga de “realizar acciones de naturaleza investigativa, policial y/o judicial”. En el escrito destaca que ya ganó una demanda civil por mala praxis tras las mastectomía doble e innecesaria que sufrió en el hospital público Gobernador Centeno de General Pico. Dice que no avanzó con la demanda penal porque no la podía pagar.

“Lo último que intenté fue un tratamiento neuroestimulador en 2010. Te pasan electrodos por la columna y te lo ponen en el nervio en la parte que vos tenés mas dolor, todo va por dentro, lo único que va por fuera es un control remoto. El tratamiento consiste en darte electricidad para que te duerma esa parte por unos minutos. Pero después el dolor vuelve. En un momento le pregunté a un médico porque eran tan invasivos y dolorosos los tratamientos, si lo que queríamos era no tener dolor. Me dijo que eran los tratamientos que había, simplemente”. 

La secuela que le dejó aquella operación es un dolor neuropático crónico refractario, que ahora calma con el cannabis: “Señor/a Juez: si no recurrimos a este posibilidad alternativa, que además es la única, el Estado me confinará, como lo viene haciendo, al ostracismo del dolor, permanente e insoportable”. El registro nacional para recibir el aceite gratis del Estado, a más de un año de la sanción de la ley de cannabis medicinal, solo contempla su importación para epilepsia refractaria.

“El aceite de cannabis lo tomé a principios de 2017. A la semana noté la mejoría tomando 9 gotas por día. Enseguida dejé la morfina. Empecé a caminar, a andar, bueno sí, los médicos me retan, porque yo me empiezo a sentir un poco bien y ya quiero hacer cosas que no puedo, como ponerme a limpiar el piso. A veces estoy dolorida por culpa mía también. En enero se me acabó el aceite con el que comencé y noté la diferencia mágica (una cruza de tres variedades de cannabis sativa: Mangobiche, Claustrum y Hawaiian Snow, según explica luego el cultivador solidario que lo preparó)”.

El cannabis puede ser un adyuvante o puede reemplazar a los analgésicos en casos de dolor crónico. No es algo nuevo. La Agencia Nacional de Medicamentos (Anmat) ya lo había advertido en un informe ultrarrápido el 8 de junio de 2016. Sin embargo, aún no se habilitó ningún lugar para cultivar y hacer extractos que podrían hacerse en predios del Instituto Nacional de Tecnología Agraria (INTA), en colaboración con el Conicet y los laboratorios nucleados en la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos (ANLAP), como indica ley. La Pampa no adhirió a esta norma, sí lo hicieron Chubut, Jujuy, Buenos Aires, Tucumán, La Rioja, Santa Cruz, Catamarca y Chaco.

Nada Tierno

El defensor Martín García Ongaro explica que la provincia, si adhiere, podría reglamentar la ley de cannabis medicinal y comenzar a cultivar y fabricar aceite: “Hay soberanía provincial en temas de salud y La Pampa tiene laboratorio público además”. Sin embargo, cualquier avance se topará con el ministro de Seguridad local, Juan Carlos Tierno, quien se opuso a cualquier intento de autocultivo con fines medicinales. Sus representantes lo dejaron en claro el 17 de abril pasado, en una audiencia en los tribunales pampeanos para analizar el caso de Elba.

“En la audiencia, los representantes del Estado se negaron a nuestro pedido para cultivar. También desconocieron toda la prueba documental que presentamos. Por lo que hay que pedir y certificar la autenticidad de toda la historia clínica de nuestra representada”, sostuvo el defensor García Ongaro. En su escrito refiere al caso Cibotti en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que conllevó un pedido similar al de Elba.

La presentación de Elba fue apoyada por la Asociación por los Derechos Civiles (ADC), a través un amicus curie (o “amigos del tribunal”). “La cuestión examinada en este escrito posee un gran trascendencia ya que la cuestión vinculada con el alcance del derecho a la autonomía personal y la salud, planteada por los actores, es central para la vigencia de un estado democrático, tal como lo demuestran la existencia de importante jurisprudencia de la Corte Suprema de la Nación”, dice el escrito.

Tanto la defensa pública como ADC retoman dos jurisprudencias claves de la Corte: el fallo Arriola, que declara inconstitucional penar la tenencia de drogas para uso personal, y el fallo Albarricini Nieves, que ampara la decisión de un testigo de jehová de negarse a una transfusión de sangre, estando en coma. Había dejado un escrito certificado por escribano rechazándola por motivos religiosos.

Hasta el momento, solo prosperó un pedido similar al de Elba en Salta. Fue presentado dos semanas después que el suyo e involucraba a una mujer que consiguió permiso para cultivar por seis meses, para hacer aceite para su hijo de seis años, con trastorno neurológico que la causa dolores muy fuertes.

Dado vuelta estás vos

¿Si me considero una activista? No. Casualmente con mi hermana discutí este tema.Yo creo que, y se lo dije a ella: “Todos los derechos que se han conseguido en este mundo es porque una persona decidió poner la cara, nada más”. Y yo lo que estoy pidiendo es un derecho. No estoy pidiendo que me den nada fuera de lo normal. Estoy pidiendo una medicación aunque sea para asistir al cumpleaños de mis nietos.

Mi hijo tenía 12 años, el más chico, y me ponía los sueros en casa, a mí me odia. Fui y sigo siendo una carga para ellos. El tema es que lamentablemente, las personas que tenemos este tipo de cosas, que es el dolor, terminamos quedando solas. Porque tenés mal carácter, porque no te ven una sonrisa nunca más. Yo el otro dia me reí y mi nieta de siete años dice: “La abuela se ríe, mira como es la risa de la abuela”. ¡Siete años tiene y nunca me vio reir!

Quiero que esto sea un derecho para todos los que tenemos esto. Más que nada en el tema del dolor, en el tema oncológico o las convulsiones, están acompañados. Nosotros estamos solos. Por el dolor nos ponemos agresivos, nos alteramos muy fácilmente. Algunos seres queridos preguntan si estoy dolorida porque saben que estoy de mal humor, entonces no vienen. Termino estando sola.

Yo intenté plantar. Tenía cinco plantas de 50 o 60 centímetros y me las robaron de raíz, no habían sacados flores todavía. No puedo denunciarlo. Propuse hacer un amparo en conjunto pero nadie quiso poner la cara. Hay 200 y pico de personas que utilizan cannabis en Santa Rosa. Después hay cultivadores solidarios y cultivadores traficantes que venden el aceite, que no sabés qué es lo que tienen porque uno de mis hijos en la desesperación consiguió uno, tomé unas gotas y las vomité.

No estaría mal cultivar, pero lo mío va más allá. Yo si hoy un médico, como lo vengo pidiendo, me diera la medicación por la eutanasia, le digo que sí. En realidad no estoy pensando en mí, estoy pensando en ese jubilado que por su mujer se tiene que subir arriba del techo para tener sus plantitas, que no se la roben y hacerle el aceite. En ese que tiene que estar a escondidas, yendo a buscar un frasco de aceite que le hace bien.

Yo quiero que se cultive en el INTA, como dice la ley. Para que todas las personas que están dependiendo del aceite de cannabis, puedan ser proveida por el Estado, como son proveídos los que tienen HIV, los pacientes oncológicos y otros tantos. Acá yo no sé cual es el problema y no lo puedo terminar de entender. Científicamente está probado que hace bien, no es que nosotros somos los locos. Sabemos que en Canadá por ejemplo el Estado lo permite, como cualquier otra medicina y te dejan cultivar. Nosotros no somos los locos.

 

 

 

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