Epec: ¿quién pondrá la plata para compensar al interior?

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El marco regulatorio eléctrico que anunció finalmente Juan Schiaretti para terminar con años de políticas más o menos discrecionales en Córdoba suscita una gran cantidad de preguntas. Una de ellas es: ¿De dónde va a salir el dinero para compensar la distribución de energía en el interior, donde esa tarea es más costosa por razones geográficas y demográficas? Es uno de los objetivos clave del marco regulatorio propuesto por el gobierno de Juan Schiaretti.
La cuestión no está decidida. Básicamente, hay dos grandes alternativas: una, es que los fondos para la compensación provengan del propio sistema eléctrico; otra, es que esos recursos provengan del fisco, es decir, de impuestos.
En el primer caso, sobre el cálculo técnico de las tarifas se agregaría un extra que se redistribuiría a los sectores que necesitan compensación. Y probablemente esto se haría por separado en los dos segmentos del transporte de la energía y de la distribución de la misma.
El ministro de Agua, Ambiente y Servicios Públicos, Fabián López, dice que, por ahora, “ninguna alternativa está descartada”, dado que, precisamente, esas definiciones surgirán del diálogo al que se convocará a los distintos sectores involucrados en el negocio.
Lo lógico sería que los fondos surjan del propio sistema eléctrico. No parece haber razones para que el resto de la actividad social subsidie en particular a la electricidad. Si no, habrá, por ejemplo, sectores de bajo consumo eléctrico que estarían aportando, vía impuestos, fondos a sectores de alto consumo. Hasta en términos ambientales no sería razonable, dado que constituiría un incentivo estructural al consumo eléctrico, que penaliza al que ahorra energía.

Otra pregunta: ¿Epec se partirá en tres?

La empresa distribuidora estatal ¿se dividirá en dos o tres empresas para asegurar la división entre las áreas de generación, transporte y distribución que promete el gobierno?
La respuesta es “no”. A nivel nacional está prohibido que una misma compañía genere, transporte y distribuya (sólo puede hacer una de las tres cosas), para evitar subsidios cruzados y mantener claros los costos y la viabilidad financiera de cada sector.
Pero Córdoba nunca adhirió al marco regulatorio nacional porque los sindicatos de Luz y Fuerza de la provincia jamás lo aceptaron. Es lo que dice la vieja consigna “Epec estatal e integrada” con la palabra “integrada”. Esa confusión permite que una mano enjuague la otra. Y que las ineficiencias en un área nunca queden frontalmente expuestas.
Sin embargo, ahora eso debe terminarse. Si no, puede haber graves distorsiones en la regulación. Un ejemplo: se podrían fijar tarifas de distribución inferiores a lo que cuesta prestar el servicio y tarifas por encima del costo para el transporte. En tal caso, tanto Epec como las 204 cooperativas se perjudicarían al distribuir la energía. Pero Epec se beneficiaría al transportarla, a costa de las cooperativas, que perderían al pagar de más por el transporte. Eventualmente, las cooperativas sufrirían dos perjuicios e irían al quebranto, pero Epec sufriría un sólo perjuicio (en la distribución), que sería compensado con el oneroso transporte que les cobraría a las cooperativas. De hecho, las cooperativas dicen que eso es lo que sucede. Con la generación pueden pasar cosas parecidas.
El gobierno no avanzará en partir a Epec en tres empresas diferenciadas. Por empezar, Luz y Fuerza, en cierto sentido el dueño de hecho de Epec, no lo permitiría.
El gobierno sólo promete mantener contabilidades estrictamente separadas, en una  especie de trío de unidades de negocio diferenciadas. Con una  empresa poco transparente, cuyos balances se conocen a las cansadas, con políticas de empleo que desde hace décadas suceden trasbambalinas y una tradición de decisiones motivadas políticamente más que en razones técnicas, creer que eso va a suceder supone un ejercicio de fe.