Fantasmas que no descansan ni dejan descansar

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Unión por Córdoba se sumó al reclamo por Santiago Maldonado cuando en la provincia sobran muertes que aún no fueron aclaradas.

Como ocurrió en la etapa previa a las Paso, otra vez la discusión política en Córdoba tiene como eje la agenda nacional, y lo provincial se cuela de rebote y en segundos planos.

El gobernador Juan Schiaretti, que tras el mal resultado de las primarias parece no encontrar un resquicio que aliente una recuperación para la general, tuvo en las últimas horas dos novedades contrapuestas de ese escenario nacional. Por un lado, recuperó un lugar de cierto protagonismo entre sus colegas gobernadores que demandan mayores fondos nacionales; por el otro, la sombra de las sospechas de corrupción se volvió a posar sobre su gestión.

La citación al ministro de Agua, Ambiente y Servicios Públicos, Fabián López, por un caso de posible corrupción, fue otro golpe duro a un sacudido Centro Cívico provincial.

López, que jura y reafirma su inocencia, está acusado por su intervención en una obra hídrica cuando integraba el equipo del ministro kirchnerista de mayor permanencia en el cargo, el largamente sospechado y denunciado Julio De Vido.Y si bien los hechos que se investigan no se cometieron en la órbita del Gobierno provincial, se trata de un funcionario schiarettista acusado de intervenir en favor, entre otras empresas, de Odebrecht.

Schiaretti hace rato que viene explicando que, porque su gestión “no la dejó” coimear, la gigante corporación brasileña ganó obra pública en toda la región pagando retornos ilegales, menos en Córdoba, donde lleva adelante seis de los 10 gasoductos troncales.

Los gasoductos, además de seguir en la lista de promesas por cumplir, son motivos de sombras que se ciñen sobre la gestión de Unión por Córdoba.

En estos días de revuelo por desaparecidos y muertos en circunstancias dudosas, sobrevoló por Córdoba el fantasma de Marcelo Arias, consultor vinculado a los gasoductos, cuyo cadáver apareció a la vera del Suquía a metros del despacho del entonces gobernador en julio de 2013.

La Justicia provincial, siempre presta para atender las necesidades del poder político, dictaminó que fue suicidio, que se arrojó de un puente del Suquía y que el cuerpo llegó arrastrado por el río. Ello nunca fue aceptado por la familia, que se aferró a los resultados de la autopsia que informaba sobre lesiones severas en diferentes partes del cuerpo.

El fantasma de Arias se desvaneció rápido, lo que no quiere decir que deje de asustar. Por esas cosas que suelen tener los fantasmas en su esencia.

Cartelitos

La desorientación que campea en las huestes del peronismo cordobés es tal que Unión por Córdoba decidió colgarse del reclamo por la desaparición de Santiago Maldonado, a más de un mes de que no se tienen noticias del joven.

Así como el Gobierno nacional pasó todo este tiempo sin una respuesta política clara frente al escandaloso suceso, Unión por Córdoba intentó sacar rédito.

Lo hizo usando un recurso más propio de las fuerzas opositoras, que cuelgan cartelitos en las bancas porque su voz no es escuchada en otras instancias.

Pero Unión por Córdoba no es una minoritaria agrupación opositora. Es gobierno en la provincia, y desde hace dos décadas. Dos décadas en las cuales los hechos criminales sin esclarecimiento y con alto impacto social y político son numerosos.

No obstante, la preocupación por la desaparición de personas siempre será legítima y bienvenida.

Ahora bien, vale recordar las palabras del máximo conductor del PJ cordobés, José Manuel de la Sota, con el vice Schiaretti al lado, el 24 de marzo de 2004: “Es necesario hacer una autocrítica de lo que pasó, por parte de los partidos, de los padres y las madres de los chicos desaparecidos, que tienen que pensar si realmente los cuidaron como correspondía”.

Es una forma de recordar que no todo puede ser usado para todo.

Que cuando se fijan posturas políticas, es necesario atender al momento, pero también al devenir histórico.