Los gremios cordobeses siguen muy lejos de la unidad en un 2018 conflictivo

Comparte la noticia en ....Share on Facebook
Facebook
0Share on Google+
Google+
0Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
0Pin on Pinterest
Pinterest
0

La atomización es la constante en un año de discusiones clave en materia de empleo. Discrepancias tácticas y políticas dividen a las centrales obreras y crean líneas internas.

La discusión de temas centrales en materia de empleo como la reforma laboral impulsada por Nación y los parámetros de recomposición salarial en un contexto de baja previsibilidad –con cambios de metas inflacionarias, escalada del dólar y modificaciones impositivas–, encuentra al arco sindical cordobés atomizado y, aún más, sin iniciativas visibles de acercamiento a la unidad.

De hecho, basta con una mirada general para identificar centrales obreras divididas (dos CGT, dos CTA y un intento por formar Las 62 Organizaciones Peronistas), varios agrupamientos de gremios que son transversales a las mismas y hasta fragmentos de conducción de sindicatos que forman partes de diferentes centrales.

El propio secretario General de la Confederación General del Trabajo (CGT) Regional Córdoba y titular del Sindicato de Empleados Públicos (SEP), José Pihen, admitió al ser consultado: “Está claro que el 2018 se plantea como un año por demás complicado con los avances en la flexibilización que quiere imponer el Gobierno nacional. Pero si me pregunta sobre la unidad, la verdad es que no hay movimientos o reuniones con ese objetivo en concreto. Por suerte nosotros, en el SEP, ya cerramos el acuerdo con cláusula gatillo, que permite proteger a los trabajadores de la inflación”.

Y completó al hablar de integración: “La unidad no es un fin en sí mismo, debe tener un para qué. Y ese para qué es la defensa real de los representados contra la precarización. Por ejemplo, no nos interesa acercar a la CGT a grupos como Las 62, que no buscan luchar sino sostener al Gobierno nacional en sus embates a los trabajadores”.Pihen se refería, en particular, a la estructura sindical no normalizada que el abogado peronista Ricardo Moreno –un exdirigente kirchnerista que ahora coquetea con el gobierno nacional–, intenta levantar en Córdoba, contando con el apoyo del gremios de vigilantes privados y el del vidrio.

Disputas de conducción

En el mismo seno de la CGT Regional existen opiniones en otros sentidos que también marcan puntos de disenso sobre el rumbo del arco gremial cordobés.

Una de ellas es la que pondera a los sindicatos de trabajadores privados para guiar la actividad confederativa, por la “gimnasia” que –según los mentores de esta argumentación– otorga la complejidad de las paritarias con múltiples patronales y la supervivencia frente falta de estabilidad laboral de quienes no trabajan en el Estado.

“Debido a esa lógica diferente fue que conformamos una línea interna dentro de la CGT Regional”, consideró Pablo Chacón, líder del gremio de empleados de comercio (Agec), que en la ciudad de Córdoba tiene 52 mil afiliados, poco más de la mitad del total de trabajadores de ese rubro, calculados en 100 mil por la Federación Argentina de Empleados de Comercio (Faecys).

Agec junto la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), el Sindicato de la Alimentación (Stia), Gastronómicos y el sindicato regional de Luz y Fuerza, entre otro, conforman el Movimiento de Trabajadores de Córdoba.

Suma complejidad a la situación el hecho de que este grupo se compone de entidades que están enroladas en otras centrales obreras y que estarían dispuestas a integrar la CGT Regional si hubiera un cambio de conducción.

La otra CGT

Las aguas separaron al sindicato de recolectores (Surrbac) de la CGT Regional, probablemente por la pretensión de su titular, Mauricio Saillen, de encabezar todo el movimiento obrero cordobés.

Eso, según admiten varios dirigentes gremiales fuera de micrófono, habría sido el principal ingrediente de la división: inclusive más que la filiación kirchnerista que la CGT Nacional y Popular Rodríguez Peña, dirigida por Saillen, exhibe hasta en su denominación.

Se inscriben en esa central, además de los recolectores, Luz y Fuerza de la ciudad de Córdoba (con acento opositor al gobierno provincial) y el sindicato de municipales de Capital (Suoem).

Estas dos últimas organizaciones , cuyos líderes (Gabriel Suárez y Rubén Daniele) han forjado un estrecho vínculo, encabezan una línea transversal denominada “Gremios por la Unidad”, que incluye sindicatos de ambas CGT y la CTA y que propone coexistencia sindical “desde la acción y no desde la discusión sobre quiénes deben conducir”, según las palabras del lucifuercista a La Voz.

La aparición de esta agrupación se entiende, además, porque Suárez tiene una relación de amistad con el camionero Hugo Moyano –adversario del líder del Surrbac– y goza de buena llegada a Juan Schmid, de la CGT unificada.

Las dos CTA

La CTA en Córdoba también está bifurcada. El diputado kirch-nerista y líder del sindicato de docentes universitario (Adiuc), Pablo Carro, está el frente de un núcleo que a nivel nacional responde a la central liderada por secretario General de la Central de Trabajadores de la Educación de la Argentina (Ctera), Hugo Yasky.

Se autodefine como una organización de centro-izquierda y progresista que incluye gremios y parte de gremios, lo que torna todavía más complejo el panorama local. Es el caso de la Uepc: sectores del propio oficialismo participan de la vida política de la CTA Córdoba, afirman desde la central. Lo mismo ocurre con delegados del Suoem y del gremio de empleados judiciales, que formalmente se enrolan en otras centrales.

Otra vertiente es la CTA Autónoma, que en Buenos Aires responde a Pablo Michelli, uno de los fundadores de ese movimiento. Encabezada por el exsecretario del sindicato de prensa cordobés (Cispren), Guido Dreizik tiene una fuerte impronta de izquierda, aglutinando además movimientos sociales, partidos políticos de esa alineación ideológica.