Ojalá se tratara de entender

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Ojalá se tratara de entender. Pero la cuestión reside en un odio y revanchismo de clase producto del goteo cultural mediático diario, de la inoculación constante de la premisa: “Si el otro está mejor es porque te lo saca a vos (que laburas)” cuándo es todo lo contrario, estaba mejor, (vos también estabas mejor) producto de la distribución equitativa de la riqueza.
De lo contrario, si se tratara de que “la gente entienda” la salida sería socráticamente expeditiva. Pero no, no se trata de un problema pedagógico. El problema no reside en un asunto referente al acceso al conocimiento, sino que reside en las tripas, es irracional y reside en el hecho de “pertenecer”. Con el anterior gobierno se le dieron muchas cosas a los ciudadanos, pero éste, llegado a un estrato de bienestar, necesitó de un gobierno que, además de garantizarle no perder sus privilegios, le garantizara la sofisticación de ingresar a un “estado de pertenencia de Élite”, “al mundo”. No se sabe, se desconoce o se conoce pero no importa, porque lo que importa es lo que se siente, se desconoce pero se odia, se prejuicia y se dictamina, con tal de esa pertenencia al grupo de “consumidores indignados/as” de “viajadores de sujetos/as de mundo”.
Aquellos que siempre pudieron opinar desde sus casas repitiendo cosas, empezaron a verse desplazados por una juventud que empezaba a responder, a cuestionar, a interiorizarse pero encima, a transformar materialmente la sociedad. Éso a muchos no sólo les pareció demasiado, ellos no podrían ni están dispuestos a hacer lo mismo y además es peligroso en términos de cambiar la sociedad cualitativamente: las mujeres ocupando espacios de poder, discutiendo “masculinamente”, las parejas homosexuales pudiendo tener los mismos derechos que cualquiera “normal” era todo demasiado. (Dónde termina ésto?).
Entonces repetir lo que dicen ciertos medios, parece ser un punto de partida, una salida a partir de la cuál distinguirse, mostrarse “enterado/a” “conocedor/a” y ése sentido común que instalan los medios, lejos, muy lejos de lo que en filosofía denominamos como el conocimiento de las causas, instala diariamente además, que el distanciamiento del/la que tiene menos, del que disputa la naturalización del poder financiero, parece ser una suerte de “sujeto eticamente reprochable” para la sociedad que queremos conservar. De manera que se van haciendo concesiones de privilegios como una suerte de negociación con éstos gobiernos: “te sigo apoyando aunque me perjudiques a sola condición de que los metas presos.” Por éso es tan importante la complicidad del poder judicial, porque es lo único que les asegura que ése contrato implícito con el votante se sostenga pese a las medidas que se toman aún en su contra. No se trata de entender, se trata de no permitir que el otro tenga una posibilidad de poder demostrarme mi error.

Filosofía Rock.-