CGT: el triunvirato suma cohesión y logra congelar un plan de lucha

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• REFUERZO PARA UNA CONDUCCIÓN MÁS DIALOGUISTA Y DEBILIDAD PARA LOS OPOSITORES ENCABEZADOS POR MOYANO
La vuelta de la UOM de Antonio Caló, tras un semestre de alejamiento, consolidó ayer la jefatura de la central con vistas a un plenario pautado para fin de mes para fijar nueva estrategia. Habrá programa, pero no medidas.
Héctor Daer, Antonio Caló y Hugo Moyano.

Héctor Daer, Antonio Caló y Hugo Moyano.

La jefatura de la CGT logró ayer la mayor cohesión interna desde el arranque de su actual conducción, hace dos años, y dio inicio a una nueva etapa más alejada de la confrontación con el Gobierno. La consolidación del triunvirato de líderes quedó plasmada en una reunión de la “mesa chica” ampliada de la central que contó con la participación de casi todos los sectores internos con excepción de Hugo Moyano y la Corriente Federal de Trabajadores (CFT), los espacios más hostiles a la administración de Mauricio Macri.

El debut del nuevo esquema de jefatura se produjo durante un encuentro en la sede del gremio estatal UPCN que congregó al trío que integran Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña, con referentes de los “gordos” de los grandes sindicatos de servicios, los “independientes” de buen diálogo con el Ejecutivo, los transportistas referenciados en la CATT, el Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA), las organizaciones de la energía bajo el sello Catheda, las 62 Organizaciones, los exaliados de Hugo Moyano y la presencia estelar, que adelantó este diario, del metalúrgico Antonio Caló, que de este modo consagró el regreso de la UOM a la estructura de mando de la central.

Ayer los propios protagonistas festejaban haber sellado una unidad interna que ni siquiera la fundación del triunvirato en agosto de 2016, sin la participación del MASA y las 62, había conseguido. Hasta en el Gobierno tomaron nota de la nueva encarnación de la CGT con vistas a un plenario de secretarios generales, que se hará el 29 de agosto en Unión Ferroviaria, y se entusiasmaron con la posibilidad de retomar el diálogo institucional para insistir con los puntos menos polémicos de la reforma laboral: el blanqueo, la vuelta de las pasantías y la creación de una agencia de evaluación de técnicas sanitarias para frenar los juicios contra las obras sociales.

Junto al triunvirato y a Caló ayer estuvieron Armando Cavalieri (Comercio, referente de los “gordos”); el anfitrión, Andrés Rodríguez, Gerardo Martínez (albañiles, Uocra) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), los tres “independientes”; Sergio Sasia (Unión Ferrroviaria) y Osvaldo Iadarola (telefónicos), por el MASA; Guillermo Mangone (gas), de la Catheda; Miguel Ángel Paniagua (espectáculos públicos), de las 62; el panadero Abel Frutos, como exsocio de Moyano, y un delegado de Omar Maturano por los transportistas de la CATT.

A grandes rasgos la discusión de ayer giró en torno del plenario del 29 en el que se esperan largas exposiciones de los secretarios generales de todo tipo de sindicatos que no necesariamente integran el Consejo Directivo, el órgano máximo de conducción. Será una oportunidad para la vuelta a la CGT de referentes como Hugo Moyano, Luis Barrionuevo o el propio Caló, que habían resuelto bajar su perfil para no opacar al triunvirato, así como de visibilidad para otros con menos protagonismo y hasta de catarsis para dirigentes de perfil más combativo como los de la CFT. En la “mesa chica” de UPCN coincidieron en que luego de escuchar todos los discursos la nueva alianza interna podrá debatir un programa de puntos a plantearle al Gobierno antes de fin de año.

Como contracara de la reunión de ayer quedó el bloque opositor interno de CGT, que tiene a Moyano como principal figura secundado por el mecánico Ricargo Pignanelli (Smata) y dirigentes de la Corriente Federal como el bancario Sergio Palazzo, el piloto aeronáutico Pablo Biró, el gráfico Héctor Amichetti y el docente privado Horacio Ghilini. En ese espacio hasta hace un mes computaban como aliados a Caló y el MASA y pergeñaban el copamiento del plenario para forzar un plan de lucha frontal contra el Ejecutivo, un plan que ahora pareció quedar relegado.