Efecto colateral de cuadernos: apuran reapertura de enriquecimiento ilícito K

• TRAS INDAGATORIA DE OYARBIDE, QUE DIJO HABER RECIBIDO PRESIONES EN 2009 (NO DINERO)
El exjuez señaló a operadores judiciales que lo tenían “del cogote”. Negó fechas anotadas por exchofer. Abre puerta para que se aplique “cosa juzgada írrita”. Para Parrilli, todo “invento”, pero se especula con más detenciones de Bonadio.

Confundido. Norberto Oyarbide se presentó ayer a declarar ante Claudio Bonadio. A la prensa le dijo que no podía hablar porque estaba en vigencia el secreto del sumario, limitación que le correspondería si aún fuera juez, pero no como declarante.

El escenario quedó ayer configurado para que una de las derivaciones de la denominada causa cuadernos tenga un impacto judicial con efecto retroactivo. “La cosa juzgada írrita”, como vía para reabrir la (por ahora) extinta causa de enriquecimiento ilícito contra Cristina de Kirchner, dejó su estela flotando en el aire de tribunales. Fue luego de que el verborrágico exjuez Norberto Oyarbide se pasara casi 4 horas declarando en indagatoria y sostuviera ante Claudio Bonadio quiénes habrían sido los que lo presionaron para que sobreseyera en trámite abreviado al exmatrimonio presidencial cuando fueron acusados de incremento patrimonial desmedido. Y que en aquel momento lo “apretaban del cogote” para que adoptara una resolución favorable en diciembre de 2009. En la vereda opuesta se situó el ex secretario general de la Presidencia Oscar Parrilli, cuyo número de celular fue anotado por el exchofer Oscar Centeno como el supuesto enlace al que le hicieron entrega de bolsos con dinero. Presentó un escrito y afirmó que toda la saga era un “invento” y había sido “armado”.

Como ya se ha vuelto costumbre, el día no podía finalizar sin un nuevo arrepentido: Armando Losón, del Grupo Albanesi, pasó por el confesionario montado en el juzgado de Bonadio, pidió disculpas y se arrepintió de haber sido extorsionado por el kirchnerismo, en simetría con todas las declaraciones de los hombres de negocios.

Oyarbide negó haber recibido dinero a cambio de torcer decisiones judiciales. “Jamás he recibido absolutamente nada”, aseguró en un minucioso relato sobre a quiénes conocía y a quiénes no de los exfuncionarios mencionados. A Roberto Baratta lo vio en persona, lo mismo que a su secretario Nelson Lazarte; sin embargo, a Julio De Vido, jamás. Agregó, en la descripción que hizo en el juzgado de Bonadio, una cronología en torno al sobreseimiento a los expresdientes Néstor y Cristina Kirchner por el 158% de incremento en su patrimonio registrado en 2008. Aseguró que “las fechas de los cuadernos están todas equivocadas” con supuestos 4 encuentros en 2013 y 2015. “Expliqué quiénes me apretaban el cogote para que sacara las causas de los Kirchner”, refirió a la salida de la declaración. Aunque permanece el secreto de sumario, el exjuez se habría referido a quien fuera operador del kirchnerismo en la Justicia (y que asistió a su propia indagatoria 24 horas antes), el auditor General de la Nación Javier Fernández. Y nombró al espía Antonio Horacio Stiuso como los que habrían presionado para que “sacara” la causa de manera exprés. La jugada de Oyarbide tampoco tuvo inocencia: por primera vez en un expediente judicial quedaría trazada la columna vertebral de un sistema de influencias que funcionó por años en los tribunales federales. Oyarbide y Bonadio estrecharon manos apenas unos instantes. Por un momento, los jueces que acumularon más procesos disciplinarios en contra en el Consejo de la Magistratura y se disputaban el podio en la cantidad de resoluciones revocadas por la Cámara Federal estuvieron cara a cara.

Sin embargo, la mención a un apriete que pudiera haber comprometido la decisión final será la llave que pueda ser utilizada para una batería de presentaciones con intenciones de desempolvar aquel expediente que fue un asunto de Estado. La “cosa juzgada fraudulenta” es una doctrina que en procesos penales permitiría la reapertura de una causa penal si los jueces “no actuaron con independencia o imparcialidad” y si su estatus de firme se considera viciada. Federico Morgenstern es uno de los juristas que ha profundizado ese concepto en los últimos años. Hoy es secretario del juez de la Corte Suprema Carlos Rosenkrantz.

“Es un invento, está todo armado”, sostuvo Parrilli, que entregó un escrito negando cargos y se rehusó a declarar alegando que Bonadio no es el juez natural de este expediente por no haberlo enviado a sorteo en sus orígenes. “No sé si son arrepentidos”, lanzó sobre los cinco empresarios que firmaron acuerdos con Carlos Stornelli y se aseguraron la libertad. Oscar Thomas, exdirector del Ente Binacional Yacyretá, es el único que continúa prófugo, y su defensa anticipó que no se iba a prestar a quedar detenido a cambio de llegar a un acuerdo como “arrepentido”. Ayer se libró una orden de captura nacional e internacional.

En despachos judiciales, anoche sonaba muy fuerte la posibilidad de una nueva detención en las próximas horas. Sería otro empresario, presidente de un holding de buena relación con el kirchnerismo y cuyos directivos -hasta ahora- han negado cualquier acuerdo con la fiscalía.