El apretón monetario no logró domar la inflación, que se mantiene por arriba del 3%

Motorizado por los servicios, el IPC de mayo marcó otro pico de 57,3%

por Mariano Cuparo Ortiz

Tal como se esperaba, la inflación fue de 3,1% en mayo. La variación interanual llegó al récord desde 1991, el año del debut de la Convertibilidad, al trepar hasta 57,3%. En lo que va del año el IPC subió en promedio 3,6% mensual. Y sólo enero logró perforar el piso de 3%. Para lo que viene, los escenarios optimistas ven desaceleración. Los pesimistas observan que la incertidumbre electoral puede generar malas pasadas por el lado cambiario. Se trata de un partido abierto.

Los precios desaceleraron en mayo contra la suba de 3,4% que se registró en abril

En cualquier caso, incluso con el BCRA usando las reservas para contener el precio del dólar, la expectativa generalizada es que el año cierre por encima del 40%. Niveles similares a los del 2018, que terminó con un IPC de 47,6%.

El ex rector de Ucema, Carlos Rodríguez, sentenció: “Un 57,3% no es precisamente un éxito de estabilización, usando tasas del 70% y al FMI. La núcleo es incluso mayor y el crédito al sector privado nominal cayó 1%. Y hay recesión. No cierra. En Mayo del 2018 la inflación anual era 26,3%. Este Mayo, después de 11 meses de acuerdo con el FMI, es 57,3%. Algo anda mal con ese plan del Fondo que más que duplicó el IPC y nos puso en recesión”.

Ahí una clave: la inflación de mayo estuvo especialmente motorizada por los incrementos en alimentos y bebidas, de 2,4%, que impactaron más que el resto por su alta ponderación en la canasta. La interanual para esos precios, clave por su impacto social, llegó a 64,9%. Luego, estuvo impulsado por las subas en salud de 5,1%, por el aumento de las prepagas. Y en tercer lugar por el último tarifazo de gas, que se sentirá efectivamente en el bolsillo de acá a fin de año (en adelante el incremento será a crédito, hasta el verano, y el Gobierno pagará los intereses). El gas, junto con el agua, generó una suba de 4% en los gastos de vivienda.

A eso se le agrega la presión de las tarifas y el dólar. El director de Epyca, Martín Kalos, opinó: “Mucha de la desaceleración actual es un postergamiento de la inflación. La estabilidad cambiaria no se puede sostener demasiado en el tiempo. Tampoco las tarifas. Para fin de año, esos precios van a aumentar nuevamente”.

En los próximos meses la expectativa es que el congelamiento tarifario temporal, sumado a la estabilidad cambiaria y una recesión que no permite mayores subas, permita una desaceleración en los precios. Pero el programa acordado con el FMI, que exige achicar el gasto público hasta asegurar un déficit primario de virtualmente 0%, le pondrá límites hacia adelante a esa herramienta desinflacionaria.

Lo explicó Ecolatina: “Producto del acuerdo con el FMI, las herramientas del Gobierno para llevar a cabo una desinflación más fuerte son limitadas. La ambiciosa meta de equilibrio primario impide un incremento de los subsidios a los servicios públicos y los márgenes de intervención del BCRA en el mercado cambiario, pese a la reciente flexibilización de la zona de no intervención, siguen siendo acotados”.

Hay expectativas de desaceleración pero el dólar, las tarifas y la inercia aún presionan

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Hasta acá, el programa del Fondo, que además de exigir déficit primario 0% también obliga a una emisión monetaria 0%, logró frenar la actividad económica y el consumo pero no domar la dinámica de precios. La teoría ortodoxa postula que si crece la base monetaria los precios suben y que por ende, si la base se queda quieta, la inflación cede. La suba de la interanual muestra que los precios siguen ajustando al alza. Como la emisión no acompaña esas subas, la actividad compensa con una caída de las cantidades, es decir del producto.

En ese sentido, los precios mayoristas muestran que hay una inflación en las gateras, ya que el mientras el IPC trepó a 57,3% los otros llegaron 72,6% en abril. El martes saldrá el dato de mayo.

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