El pánico financiero mundial arrastró a la Argentina y adelantó decisiones

Las acciones y los bonos se desplomaron en las últimas horas ante la expectativa de que la Reserva Federal anuncie una nueva alza de la tasa de interés. La batería de medidas que evalúa el gobierno argentino.

Cristian Carrillo

Las acciones y los bonos en las principales plazas financieras globales se desplomaron en las últimas horas ante la expectativa de que la Reserva Federal anuncie una nueva alza de la tasa de interés rectora. Todos los análisis anticipan que un ciclo más agresivo de subas por parte de la Reserva, impulsada por una inflación récord que evidencia la economía estadounidense –la mayor en cuatro décadas–, generará una fuerte desaceleración de la actividad en ese país, con alto riesgo de un estancamiento global. Sumado a una situación de alzas récords de las materias primas, se llegaría a un ciclo conocido como «estanflación». 

En la Argentina también se aguarda por un nuevo incremento de la tasa rectora del sistema por parte del Banco Central luego de que se conozca este martes el dato de inflación, que se ubicaría en torno al 60 por ciento interanual. El Central se mueve en un estrecho margen entre mantener rendimientos reales positivos para los depósitos, como se comprometió el Gobierno con el Fondo Monetario, e impactar negativamente la actividad económica por el encarecimiento del crédito.

«El contexto internacional es muy adverso. Basta ver los mercados afuera. Acá venimos de días con tensiones locales. Se va a responder desde el frente fiscal y monetario, con adecuación presupuestaria y de tasas de interés», señaló a El Destape una alfa fuente de BCRA. 

Winter is coming (el invierno está llegando)

Tanto los informes privados de bancos y consultoras como los de organismos internacionales ya descartan que habrá una desaceleración de la actividad económica global, con algunas excepciones, donde la demanda de materias primas los beneficiará (caso argentino) por el incremento del valor de sus exportaciones. De todos modos, la inflación mundial y el acto reflejo de los principales bancos centrales de atacarlo con suba de tasas de interés será el que determinará el ritmo de crecimiento de este año y los subsiguientes. Esta situación se refleja en la volatilidad que estuvieron evidenciando los títulos públicos y las acciones empresarias. 

Esta semana se conoció la inflación de Estados Unidos, la cual superó el 8 por ciento anual, su mayor valor en cuatro décadas. La aceleración inflacionaria en ese país anticipa que también se aumentará el ritmo de suba de tasas, con el objetivo de reducir la liquidez remunerando más el ahorro. La contrapartida es un menor nivel de consumo que, esperan, sea un ancla a los precios. «El mundo va hacia eso», señalaron a El Destape desde la autoridad monetaria.  

En marzo la Reserva Federal elevó 25 puntos porcentuales la tasa de interés rectora y el mes pasado otros 50 puntos para ubicarse actualmente entre 0,75 y 1 por ciento anual. Ahora las apuestas en una suba de 75 puntos que la eleve a 1,75 por ciento anual. También se observan ajustes más agresivos en el Banco Central Europeo.

La ola polar en Argentina

Esta medida implica una contracción de dos de los principales motores de la economía, el consumo y la inversión, dado que una suba de las tasas de interés del sistema encarece a ambos. Los Estados pueden mantener programas activos para estimular el consumo y la inversión, pero atacan áreas y números puntuales, dado que no pueden, por obvias razones, subsidiar todas las líneas. Con lo cual, el encarecimiento del crédito impacta negativamente a nivel general.

«Peor aún, si por algún motivo las commodities se abarataran (por ejemplo, producto de una suba mayor a la prevista en las tasas de la FED), el saldo comercial sufriría más», señala un informe de la consultora Ecolatina. La dolarización de carteras en el mundo, lo que se conoce como «vuelo a la calidad», apreciará la moneda respecto otros signos monetario y, también, frente al resto de los bienes. De hecho, la disparada de las materias primas desde la salida de la pandemia tuvo como contrapartida un dólar debilitado.

El resultado en los precios de los alimentos de la energía depende de otros aspectos, además de la apreciación del dólar, como el impacto que tiene la salida de la pandemia y el ingreso a un guerra que se inició a fines de febrero en Ucrania. En el corto plazo, los problemas logísticos parecen que perdurarán y la menor oferta global de alimentos y energía favorecerá a los países productores de materias primas. Esto explica que el Banco Mundial haya recortado las previsiones de crecimiento global y de casi todos los países, elevó las de unos pocos; entre ellos, la Argentina (en casi un punto de 3,6 a 4,5 en 2022). 

Aún con los problemas de descoordinación interna, la perspectiva es que se alcanzarán este año y el próximo elevados niveles de crecimiento. El problema, como se ve hasta ahora, es cómo se reparte esa torta.