“Encarar la guerra cultural para volver a pensar en el otro”

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(Por Oscar Munguía) En los tiempos que corren, se habla de la batalla cultural pero; ¿se sabe de lo que se está hablando? Definición:”Conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo”.

Cuando hoy hablamos de batallas culturales, a mi criterio, no hablamos de conocimientos, hablamos de ideas.., ideas plantadas y convertidas en “sentido común”.

Alguien dijo una vez, “quien domine la información, dominará a la sociedad” y no estaba errado, todo lo contrario y parte de nuestra ciudadanía puede dar testimonio de ello, aunque en muchos casos, aún no lo tiene claro.

Algunas batallas culturales han sido influenciadas por aquel precepto y fueron ganadas, circunstancialmente, por el poder real y sus divulgadores sociales. Así han logrado que una parte importante de la sociedad tome como algo natural que un presidente de la república, asuma con un pasado delictivo, probado y disimulado por el mismo poder que lo creó, que no toleraría la mas mínima mirada honesta.

Se acepta que ese mismo presidente y sus ministros se hayan enriquecido antes y durante su gobierno, a costa del estado argentino. No importa si en el exterior se refieran al presidente argentino como uno de los mas corruptos del planeta y que además se lo haya catalogado como un mediocre personaje funcional al poder financiero internacional.

Estos personeros mediáticos han logrado, que algunos acepten que les mientan descaradamente en todas y cada una de las medidas tomadas o a tomar, se toma con suma naturalidad que los medios anuncien previamente las “decisiones gubernamentales”, es decir se le instruye públicamente al gobierno.

Sin futbol se puede vivir perfectamente, pero sin agua la vida es imposible y ahora, que nos cobren algo imprescindible para la existencia humana, es lo “lógico y natural”, o sea, los negocios por sobre millones de personas, es muy natural.

Así podríamos continuar con una enorme cantidad de ejemplos que demuestran que, con los medios de por medio y la desidia personal de muchos, el poder ha ganado batallas culturales pero no la guerra cultural.

La cultura del conocimiento, en tanto mantengamos la educación pública, está garantizada, por que aún con la intención del poder de destruirla y convertirla en un negocio más, donde solo se inculque el individualismo y los negocios; la resistencia de docentes y padres sólos no ha de mantener viva la llama de la educación argentina, esa que fue, es y será nuestro orgullo.

Es en la rama de la cultura de las ideas, donde debemos dar la batalla definitiva y para eso es menester trabajar con todas las herramientas a nuestro alcance.

Si los medios masivos están del otro lado, debemos convocar a profesionales, docentes, periodistas, economistas y a toda persona que esté dispuesta a difundir con charlas abiertas y otros medios, el mensaje que demuestre que hay otra realidad más productiva para nuestra gente.

Debemos dejar diferencias que hoy nos impiden trabajar juntos.., hoy es más importante el interés colectivo que cualquier apetencia personal y/o partidaria. El pueblo argentino no debe quedarse mirando como se vende el país y sus riquezas, debe seguir reaccionando como lo está haciendo en estos días, pero los dirigentes deben ponerse a la altura de los acontecimientos y crear acciones coherentes con las necesidades y una de ellas es encarar la guerra cultural para volver a pensar en el otro, preocuparse por el cierre de nuestras industrias, sentir que están entregando nuestra soberanía económica y política, que pretenden eliminar nuestra ciencia y tecnología, sea un verdadero sentido común argentino y latinoamericano.