La dolorosa despedida de la hija y testimonios sobre cómo murió el papá en la fiesta clandestina de Villa Allende

El testimonio de un chico y de otro papá revelan que hubo una discusión que descompuso al hombre. Era un descontrol, con más de 800 asistentes y mucho alcohol.

La hija del hombre que murió infartado en la fiesta clandestina que se hacía en su casa, en Villa Allende, publicó una desgarradora despedida de su papá en la red social Instagram, en la que le promete que será siempre su “ejemplo a seguir”.
El texto que le escribió la joven a su papá. Una despedida en las redes sociales.
Uno de los adolescentes que fue a la fiesta le contó al Periódico El Milenio qué pasó cuando el hombre llegó a su casa y descubrió que la fiesta se había convertido en masiva. Hubo una pelea y el dueño de casa se descompuso, en ese momento.
“Se baja del auto el papá de dos de los chicos que eran invitados porque se estaban peleando otros chicos, y también estaba el padre de la chica que hace la fiesta, y uno de ellos le empezó a gritar al padre. Luego intervino el hijo del dueño de la casa y le mete un empujón al chico con el cual discutía, éste se cae para atrás, y le pega a una mina, ésta se cae y se pega en la nuca”.
“El chico que empuja a la mina empezó a bardear al padre, y el hombre se asustó, y encima tenía problemas de corazón; se metió adentro de la casa y yo estaba adentro con otros amigos, y siento ‘tuc’ y se cae al piso, como que se desmayó, y salí corriendo, le avisé a un papá que justo llegaba a la fiesta a buscar a sus hijos”, relató el adolescente.
“Entonces llamaron a la ambulancia y lo trataron de reanimar, y ahí estaba la hija, el papá de estos chicos y otro padre más, que lo empezaron a reanimar. Me traumé y me fui, y después empezaron a sacar toda la gente”, finalizó.
La casa donde se hizo la fiesta, en Villa Allende. Foto gentileza Periódico El Milenio.
El Milenio publicó también el testimonio que dio en las redes sociales el padre de otros chicos que intentó reanimar al dueño de casa.
“El sábado a las 2 de la madrugada fui a buscar a mis hijos, Bauti y Edu, que estaban en la fiesta, yo no soy amigo de G. (papá de la nena que hizo la fiesta) pero lo conozco, pudimos hablar una oportunidad. Caí a la casa, en la puerta no había nadie y cuando entré pasa un chico insultando y puteando, no había mucha iluminación en la entrada de casa, veo que viene G. para acá, lo saludo, me vio, se dio vuelta (no me reconoció calculo yo) pero, por otro lado, estaba sacado mal. Atrás mío cae el papá de un compañero de mi hijo Bauti, me saluda y me dice que me venía siguiendo porque no es fácil llegar a la casa”
“Vemos a un adolescente más grande de edad queriendo entrar a la casa. La cuestión es que veo a este chico bastante nervioso, tomé cartas en el asunto, como cualquier padre, para no dejarlo entrar porque era un chico mayor que los nuestros -los míos tienen 14 y 15 años-. Cuando este papá me vio que estaba hablando con este tipo más grande, frenándolo un poco, se metió, le pidió nombre y apellido, no se los dio, y le digo a este papá :’pasa a buscar a mis hijos que están adentro que no contestan el teléfono’. Entró y encontró al más grande de él y Bauti, los trajo y los mande al auto; y de ahí salen unas chicas y dicen: ‘che, se desmayó el papá de la chica que hacía la fiesta’; el otro papá volvió a entrar para ver si encontraba más chicos, y cuando sale me dice: ‘en el living de la casa está tirado este hombre’, justo salía mi hijo mayor con sus amigos que son altos, y le digo: ‘por favor quédense acá, de todos los que van saliendo, no dejen entrar mas a nadie’, y nos fuimos al living”. Este hombre estaba tirado, ya lo estaban intentando de reanimar. Nos pusimos a dar una mano, la verdad que estaba gris como el piso, boca cerrada. La verdad es que estaba chau. Llamamos a la ambulancia, a todo esto ya había caído la Policía, porque la habíamos llamado apenas que vimos este quilombete con este chico”, narró.
“Cuando me asomé al jardín, te juro que era una cosa que no se, no había lugar, era una casa inmensa; debe haber habido fácil 800 personas, era una barbaridad. Chicos por todos lados, mucho alcohol, todo acelerado, todos saltando, gritando, no había música. Cuando cayó la ambulancia, la hicimos pasar, pasaron los paramédicos, se pusieron a laburar, y le digo a el otro papá: ‘piquemos porque ya sobramos acá’, y hubo cosas que me llamaron la atención como chicos que salían riéndose, filmando con el celular la ambulancia, la hija llorando con las amigas. Los pendejos se pierden, yo creo que hay que evitar estas fiestas o ponerle más control, se les desbordó. Les puede pasar a cualquiera pero no es fácil controlarlo, detenerlo; no es fácil controlar el chupi. La verdad un desastre, espero que esto sirva para que tomemos conciencia todos”, cerró.

Fuente: Periódico El Milenio