“La pandemia generó una tragedia educativa, pero fue demoledora con los más pobres”

La exdiputada nacional Brenda Austin reflexiona sobre los malos resultados de las pruebas Aprender y la ampliación de la brecha de desigualdad.

Brenda Lis Austin, exdiputada nacional

Esta semana se conocieron los resultados de las pruebas Aprender 2021 de sexto grado de primaria. Como era de esperar, estos son desoladores. El impacto de la cuarentena y el cierre de escuelas, uno de los más extensos en todo el mundo, fue demoledor para nuestro sistema educativo y amplió la brecha de desigualdad.

Durante dos años insistimos ante el Congreso con el tratamiento de iniciativas para paliar el impacto de la cuarentena. Primero, en agosto de 2020, un proyecto de ley de emergencia educativa, para intentar prevenir el daño. En julio de 2021 presentamos el llamado Pacto Educativo Intergeneracional, un compromiso de financiamiento asociado a metas y objetivos concretos vinculados a la inclusión y la calidad. Ninguna de las dos propuestas fue tratada.

No era tan difícil anticiparse a lo que vendría. La pandemia estaba generando una tragedia educativa que impactaba en todos los sectores, pero era demoledora con los niños y niñas más pobres. Mientras nosotros buscábamos prepararnos para lo evidente, el oficialismo encerraba el tema en la grieta y bloqueaba el debate. Hoy las cifras que arrojan las pruebas Aprender le ponen número a esa realidad.

Los datos muestran de manera inocultable las asimetrías del sistema. Los resultados de las escuelas públicas son peores que los de escuelas privadas. Y si analizamos los datos de los niños y niñas en contextos de mayor pobreza, los números son aún más críticos. ¿Qué hacemos para que la educación pública vuelva a ser sinónimo de calidad?

En Lengua, más de la mitad de estudiantes están por debajo del nivel satisfactorio. Pero al mirar en detalle por contexto socioeconómico, vemos que ese promedio encierra una enorme inequidad: mientras siete de cada 10 niños/as pobres están por debajo de los niveles esperados, los niños/as de nivel socioeconómico alto son dos de cada 10. La conclusión es evidente: la escuela no está generando igualdad de oportunidades sino reproduciendo desigualdades de origen. A pesar de las diferencias, el deterioro fue enorme para todos: el retroceso en los aprendizajes golpeó a los niños/as de todas las escuelas. La diferencia es que a los más pobres los está sacando de juego: 43% en el escalón más bajo es inmoral.

Los datos confirman lo que dijimos hasta el cansancio: vivimos una catástrofe generacional que está amputándole las herramientas para desenvolverse en su vida adulta. ¿Cómo es posible que la Argentina no sea capaz de hacer de esto la razón para construir un acuerdo de largo plazo? ¿Qué hacemos para darnos cuenta entre todos de que la llave para insertarnos en la era del conocimiento es la educación? ¿Qué estamos dispuestos a hacer para revertir este deterioro?