Las medidas oficiales para atenuar la corrida agravarán la desocupación, disminuirán el salario y el nivel de crecimiento

El paquete anunciado contraerá la economía y agravará la situación socioeconómica del país. La reducción en la inversión pública afectará el nivel del PBI, empeorará el cuadro inflacionario y el déficit fiscal. Estas son algunas de las conclusiones del informe de siete página de Vallejos&Equipo sobre los anuncios del Ejecutivo y el Banco Central.

Un informe del equipo técnico de la diputada y economista Fernanda Vallejos alerta que las medidas anunciadas hoy en tándem por el Poder Ejecutivo y el Banco Central de la República Argentina (BCRA) para tratar de atenuar la corrida cambiaria incidirán de forma negativa sobre el nivel de crecimiento de la economía y, por consiguiente, aumentarán el  desempleo y afectarán a la baja el salario real que cobran los trabajadores.

“El mercado financiero internacional le marcó la cancha al Gobierno, que entregó como prueba de amor un mayor ajuste que pagarán los trabajadores”,indicó Vallejos.

El trabajo de siete página (que se adjunta abajo) advierte similitudes entre el escenario económico actual y la recesión del año 2016. “El tipo de cambio a $22,28 implicará, según nuestra estimación, una inflación de un 27,8% y una caída del salario real de 7,3%, similar a la de 2016. En dicho año, se mostró una contracción de 1,8% del PBI y un aumento del desempleo del 5,9% del tercer trimestre de 2015 a 8,5% en el primer período de 2016”, puntualiza el informe, al tiempo que estima que “el desempleo podría superar, en el tercer trimestre del año (en curso) el 10%, aún si el incremento es solo temporario, y el PBI podría no crecer o tener un decrecimiento”.

Acto seguido el trabajo señala que la reducción en la inversión en obra pública por $30.000 millones afectará el nivel de crecimiento y el empleo. Además consigna que  que “las tasas de interés más altas aumentarán el peso del pago de intereses del BCRA y del Tesoro Nacional”.

Siguiendo esta línea de razonamiento, el informe concluye que “las medidas que están tomando generarán déficit fiscal, inflación y recesión, contrario a las metas de pobreza 0, 15% de inflación y eliminación de los déficits”.

Por último la diputada Vallejos sostuvo que “los peces gordos del mercado financiero internacional no confían en la capacidad del Gobierno para afrontar una deuda descontrolada que ellos mismos tomaron”. Por último, la legisladora y economista sentenció: “en definitiva lo que queda de manifiesto es la inconsistencia del programa económico de Cambiemos”.

 

Informe Vallejos&Equipo

 

RESUMEN EJECUTIVO

  • El tipo de cambio a $22,28 implicará, según nuestra estimación, una inflación de un 27,8% y una caída del salario real de 7,3%, similar a la de 2016. En dicho año, se mostró una contracción de 1,8% del PBI y un aumento del desempleo del 5,9% del tercer trimestre de 2015 a 8,5% en el primer período de 2016. Es decir, un incremento de 2,6 puntos porcentuales. En este caso, se partiría de un desempleo para el tercer trimestre de 8,3%, por lo que el desempleo podría superar, en el tercer trimestre del año el 10%, aún si el incremento es solo temporario, y el PBI podría no crecer o tener decrecimiento.
  • Mientras se ahorrarían $30.000 millones de obra pública, aumentaría cuatro veces el gasto público por la devaluación. Ello sin contar que la inflación y la recesión perjudican la recaudación y que las tasas de interés más altas aumentarán el peso del pago de intereses del Banco Central y del Tesoro Nacional.
  • Es decir, las medidas que están tomando generarán déficit fiscal, inflación y recesión, contrario a las metas de pobreza 0, 15% de inflación y eliminación de los déficits. En sus propios términos, el plan es inconsistente.
  • Una novedad de la semana fue el cambio de la pespectiva de la calificadora Fitch Ratings de positiva a estable para la Argentina. Entre sus argumentos para no empeorar la visión del futuro se encuentran en la “el reciente debilitamiento del peso” que “refleja una mayor percepción del riesgo para los activos argentinos”, mientras que criticó los déficits comerciales, fiscales y el endeudamiento veloz.
  • Entre mayo y junio se evalúa nuevamente la recategorización del MSCI, y en este caso, nuevamente la libre movilidad de capitales está en juego. El BCRA tuvo que abandonar sus principios ante la realidad fáctica de que no podía controlar la corrida, y el dólar. Por otro lado, se le exige a la Argentina la aprobación de la Nueva Ley de Mercado de Capitales, que genera nuevos vehículos para la securitización y flexibiliza las operaciones en los mercados.
  • Por otro lado, el 15 de mayo se encuentra la próxima licitación de Lebacs, en la cual se vencen US$29.400 millones. Aunque un cuarto de los tenedores se pase a divisas, podría causarle un perjuicio de US$7.500 millones.
  • Un tercer evento que genera incertidumbre es la suba de la tasa de interés de la Reserva Federal de los Estados Unidos. El inicio de la corrida estuvo marcado por la incertidumbre respecto de la tasa de la FED, aún si luego el banco central estadounidense no la subió. Existen chances de que la suba ocurra efectivamente en junio. En el peor de los casos, es decir, si la licitación de Lebacs hace perder US$7.500 millones en reservas, el Morgan Stanley no aprueba el upgrading, y la FED sube la tasa, sumado a la compra estacional minoristas de fin de mes por vacaciones, sueldos y aguinaldos, el cóctel puede ser complejo de manejar, y el BCRA debería utilizar todas las herramientas regulatorias necesarias para evitar un mayor perjuicio a los argentinos.
  • Las tasas siderales: del pánico de los bancos al pánico de Sturzenegger

La reciente corrida cambiaria que se llevó US$ 5.456 millones de reservas (datos al jueves 3 de mayo) y requirió ventas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) de casi U$S8.000 millones desde mediados de enero. El Banco Central y el Gobierno reaccionaron tardíamente tomando las siguientes medidas:

  1. Subieron la tasa de interés de referencia de 27,25% al 40%, y la tasa de las Lebac de 26% aproximadamente a 35%-36% en el plazo que vence el 16 de abril. En el caso de las tasas de pases a 1 día, la tasa aumentó a 57%, con el objetivo de secar la plaza de liquidez y ofrecer una alternativa rentable frente al dólar.
  2. Se reguló la Posición Global de Cambios al 10% del Patrimonio Computable a partir del 7 de mayo, forzando a los bancos a vender dólares, bonos en moneda extranjera, y futuros.
  3. Se afirmó que se intervendrá en el mercado spot y en el de futuros todo lo que sea necesario para defender el tipo de cambio.
  4. Se mantuvo la meta de 15% en términos inflacionarios, se redujo la meta del déficit primario de 3,2% del PBI a 2,7% y el financiero del 6% al 4,9%.
  5. Se anunció un recorte de obras públicas por $30.000 millones (US$ 1349 millones).

Ante la reacción desproporcionada del presidente del Banco Central, advirtiendo que se intervendría para defender el tipo de cambio lo que fuera necesario, los grandes bancos respondieron con un dólar más bajo en el mercado mayorista, que se acercó a los $21, pero que finalmente volvió a subir a $21,80. El dólar minorista, por otro lado, cerró en $22,28, $1,07 menos que en el día anterior, aunque continúa siendo una depreciación importante desde diciembre: 26,4% en poco más de cinco meses.

Una pregunta a tener en cuenta es si esto implica un fin de la corrida o sólo la fuga está “tomando impulso” para poder avanzar.

El otro debate está relacionado con las consecuencias que tendría el ajuste económico en la economía de cara a 2018, y a quiénes afectará.

Una señal a los mercados, más ajuste a los trabajadores

El tipo de cambio a $22,28 implicará, según nuestra estimación, una inflación de un 27,8% y una caída del salario real de 7,3%, similar a la de 2016. En dicho año, se mostró una contracción de 1,8% del PBI y un aumento del desempleo del 5,9% del tercer trimestre de 2015 a 8,5% en el primer período de 2016. Es decir, un incremento de 2,6 puntos porcentuales. En este caso, se partiría de un desempleo para el tercer trimestre de 8,3%, por lo que el desempleo podría superar, en el tercer trimestre del año el 10%, aún si el incremento es solo temporario, y el PBI podría no crecer o tener decrecimiento.

El consumo masivo continúa la tendencia a la baja. En marzo, la consultora Kantar World Panel mostró una baja de 1% y la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), estimó una baja del 2 por ciento. Es difícil de creer que la demanda agregada se incremente a través del consumo cuando se realizan políticas de devaluación, suba de tasas de interés (que impactarán en el costo del crédito de corto plazo para las familias), y ajuste fiscal en el sector de la construcción que, genera empleo de poca calificación y remuneración, pero que permite tener una fuente mínima de ingresos a más de un millón de trabajadores y sus respectivas familias.

El motor principal de la demanda agregada en 2017 fue la construcción pública, de la mano de la política electoral. Sin embargo, el ministro Dujovne anunció un recorte de $30.000 millones (aproximadamente un 22,48% de la licitación PPP realizada el último mes y un 14,42% del gasto de capital de 2017). Este recorte daña a uno de los mecanismos esenciales que permitieron consolidar el relativo éxito de 2017 contra 2016. Por lo tanto, se complica gravemente la posibilidad de que la construcción traccione la demanda.

Los créditos UVA y el mercado de la construcción privada también fueron los motores del crecimiento en 2017. En la actualidad, los clientes y consumidores se encuentran en la incertidumbre al respecto del sistema UVA por diversos motivos:

  1. La depreciación aumenta el precio en moneda local de la vivienda, lo cual significa que los deudores tendrán que tomar créditos más grandes para comprar la misma vivienda, y muchos que se encuentran en el proceso de compra con créditos UVA, se encuentran descalzados en divisas, por lo que deben aumentar el monto a pagar al contado.
  2. La depreciación incrementa la inflación, por lo que las cuotas UVA tendrán subas importantes en los próximos 10 a 12 meses, complicando así la posibilidad del pago de las cuotas. Solo quien está seguro de la posibilidad de pago de las cuotas (el 20% de los trabajadores de mayores ingresos) puede mantener un trabajo estable con ingresos suficientes como para repagar las cuotas sin riesgos.
  3. Finalmente, el Banco Nación subió las tasas de interés un punto porcentual al 6,5%, y los actuales incrementos de las tasas de interés, si se mantienen en el tiempo, podrían implicar un alza de 1 a 2 puntos porcentuales más, lo que haría al crédito UVA impagable e inaccesible para la mayoría de la sociedad.

Es difícil, por lo tanto, que la reactivación económica esté relacionada con el mercado de los créditos UVA.

La inversión privada difícilmente repunte con la inestabilidad financiera actual, la posibilidad de ganar en 6 meses casi 30% en dólares con las Letes o el 35,5% que rinden las Lebacs en el mercado secundario. Por otro lado, el principal estímulo de la inversión es la demanda y el consumo doméstico, lo cual se mantiene estancado a lo largo de todo el gobierno de Mauricio Macri.

La única variable que resta para explicar el crecimiento es la exportación. En ese campo, la evidencia es mixta. Por un lado, Brasil tenderá a repuntar en medio de la contienda electoral; por el otro, la actual guerra comercial entre EEUU y China genera inestabilidad en el comercio internacional y dificultad para colocar los productos, sumado a la mala cosecha de soja.

Los objetivos imposibles

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, anunció esta mañana un paquete de medidas fiscales a fin de calmar las expectativas. Bajo la falsa premisa de que la crisis cambiaria tiene un origen fiscal, el medio ministro decidió reducir la obra y el gasto público a fin de ahorrar “US$3.200 millones” adicionales en 2018.  Como bien sabemos, el gasto público es en pesos, no en dólares, por lo que el único recorte de divisas provendrá de la consecuente caída de la actividad y reducción de las importaciones, no del ahorro del estado.

Más allá de las inconsistencias teóricas, el objetivo de reducir el déficit también parece dudoso (anunciado de 3.2% a 2.7% del PBI, el primario).  Por supuesto, el objetivo de llevar el déficit financiero al 4,9% no es una cifra muy inferior al 5,8% del 2015, es decir, tras 3 años de ajuste fiscal, el déficit financiero sólo bajaría 0,9 puntos porcentuales.

Tres nubarrones se presentan en el frente fiscal: dados los crecientes pasivos en dólares del estado nacional (US$ 32.000 millones de vencimientos en 2018), la devaluación del 20% generará un déficit fiscal adicional de $128.000 millones de pesos. Para los cuales el ahorro anunciado de $70.400 millones resulta insuficiente.  Por otro lado, las devaluaciones recesivas en Argentina suelen generar el llamado “efecto Olivera”, por el cual los gastos se ajustan al nuevo ritmo inflacionario, mientras que la recaudación se basa en valuaciones pasadas. A pesar de ser de difícil estimación, permite afirmar que buscar objetivos fiscales en tales condiciones resulta sumamente imaginativo. Finalmente, y reforzando este efecto, actuará la caída en la recaudación producto de la desaceleración económica originada en la devaluación con ajuste fiscal.

Es decir: mientras se ahorrarían $30.000 millones de obra pública, aumentaría cuatro veces el gasto público por la devaluación. Ello sin contar que la inflación y la recesión perjudican la recaudación y que las tasas de interés más altas aumentarán el peso del pago de intereses del Banco Central y del Tesoro Nacional.

Es decir, las medidas que están tomando generarán déficit fiscal, inflación y recesión, contrario a las metas de pobreza 0, 15% de inflación y eliminación del déficit. En sus propios términos, el plan es inconsistente.

Volver a regular

En informes anteriores mencionamos las impericias del Central al desregular el mercado cambiario, proponer la flotación “casi pura”, intentar manejar toda la economía a través de un instrumento poco eficaz como la tasa de interés de pases con los bancos y evitar la intervención en futuros. El shock del mercado parece haber generado un intenso debate en el seno del Banco Central, y parecería que Sturzenegger, acaso por el propio pánico de la situación, mostró la artillería pesada del banco contra el mercado, abandonando las posiciones ideológicas. Así, regularán a la baja las posiciones globales netas de cambios en dólares al 10%, lo cual, en la práctica significa obligar a los bancos a vender dólares. Esta fue una medida varias veces utilizada por el gobierno anterior (luego de la corrida de febrero de 2014 y también cuando Alejandro Vanoli asumió como presidente del Central), medidas de corte intervencionista que permiten planificar y administrar las divisas escasas.

Por otro lado, el Banco Central se comprometió a vender dólares al contado y en futuros si es necesario, para frenar la escalada del dólar. Por realizar ventas a futuro, el ex presidente de la entidad, Alejandro Vanoli, y la ex presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, han sido denunciados por, entre otros, Federico Sturzenegger, actual presidente del Central. La judicialización de una herramienta de política económica, es, por demás, problemática, sobre todo, cuando se demuestra que es efectiva para detener o prevenir una corrida. Desde el Central comentan que no hay ilegalidad en operar futuros, aunque hasta el momento no se ha realizado. Por otro lado, también es posible que el Central venda futuros en el mercado de Nueva York, en el cual las pérdidas se saldan en dólares con reservas, lo cual es un mayor riesgo que la operación en el mercado local.

Si bien no fue una política oficial, en muchos de los bancos comerciales se cayeron las páginas oficiales de homebanking, y muchos casos particulares encontraron limitaciones de efectivo para retirar sus dólares de los bancos. Estas restricciones temporarias complicaron la normalidad de la operatoria y colaboran a la idea de que las regulaciones, aún las accidentales, pueden ayudar a limitar los efectos de una corrida.

Fitch, calificadoras, MSCI, la FED y los riesgos por delante

Una novedad de la semana fue el cambio de la pespectiva de la calificadora Fitch Ratings de positiva a estable para la Argentina. Entre sus argumentos para no empeorar la visión del futuro se encuentran en la “el reciente debilitamiento del peso” que “refleja una mayor percepción del riesgo para los activos argentinos”, mientras que criticó los déficits comerciales, fiscales y el endeudamiento veloz.

El capital financiero a escala global está revisando su posición optimista respecto a la Argentina, ya que los datos no muestran ninguna mejora. Al capital internacional no le interesa la cuestión social, sino la posibilidad de cobrar las deudas. El déficit, la salida de divisas, las altas tasas de interés, son una señal de que el proceso de endeudamiento, en este contexto global más complejo y con mayores tasas de EEUU, no se encuentra tan encaminado como desearían.

No es la primera vez que los calificadores reprueban a la Argentina en sus propios términos. El banco Morgan Stanley, en su reclasificación anual de países para el MSCI Index, se negó a pasar a la Argentina de “mercado de frontera” a “mercado emergente”, debido a que, mientras elogiaba las medidas para liberalizar el mercado de cambios, dudaba de la sostenibilidad de las mismas ante la fragilidad de los flujos de capitales. Es decir, no confiaba en que el Central pudiera continuar sin intervenir en el mercado y sin regulaciones.

Entre mayo y junio se evalúa nuevamente la recategorización del MSCI, y en este caso, nuevamente la libre movilidad de capitales está en juego. El BCRA tuvo que abandonar sus principios ante la realidad fáctica de que no podía controlar la corrida, y el dólar. Por otro lado, se le exige a la Argentina la aprobación de la Nueva Ley de Mercado de Capitales, que genera nuevos vehículos para la securitización y flexibiliza las operaciones en los mercados.

Por otro lado, el 15 de mayo se encuentra la próxima licitación de Lebacs, en la cual se vencen US$29.400 millones. Aunque un cuarto de los tenedores se pase a divisas, podría causarle un perjuicio de US$7.500 millones.

Un tercer evento que genera incertidumbre es la suba de la tasa de interés de la Federal Reserve. El inicio de la corrida estuvo marcado por la incertidumbre respecto de la tasa de la FED, aún si luego el banco central estadounidense no la subió. Existen chances de que la suba ocurra efectivamente en junio. En el peor de los casos, es decir, si la licitación de Lebacs hace perder US$7.500 millones en reservas, el Morgan Stanley no aprueba el upgrading, y la FED sube la tasa, sumado a la compra estacional minoristas de fin de mes por vacaciones, sueldos y aguinaldos, el cóctel puede ser complejo de manejar, y el BCRA debería utilizar todas las herramientas regulatorias necesarias para evitar un mayor perjuicio a los argentinos.

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