Luis Magliano, el operador que no midió a quién estafaba

Magliano no sólo es un dirigente clave del ruralismo, sino un influyente operador político, de origen radical, pero con fuertes lazos con el justicialismo. La trama que precedió a las 3.500 vacas desaparecidas

Por Mercedes Grimaldi 

Alterna saco o campera, pero su debilidad son las camisas blancas. Al menos, mientras estaba libre. 

Luis Magliano se dedicó formalmente a comprar y vender hacienda, pero su especialidad fue siempre la de comercializar influencias.

Magliano, detenido en Santiago del Estero en la causa en la que se investiga el presunto robo de unas 3.500 cabezas de ganado vacuno, supo tejer una red de relaciones que lo posicionó como un dirigente importante del ruralismo argentino.

Parco, afecto a los comentarios de sesgo machista, el hijo de un apicultor de Las Peñas (a unos 100 kilómetros de esta capital, hacia el Norte) se transformó en un empresario ganadero importante y un operador político de contactos en todos lados.

Motorizó la protesta contra la 125 apenas iniciado el primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, mantuvo la línea anti-K cuando presidió la Sociedad Rural de Jesús María, pero fue el que le tendió puentes a su delfín político, Luis Picat, cuando llegó a intendente de esa ciudad hacia Alberto Fernández.

Al actual presidente de la Nación lo conoció en la época en que el entonces jefe de Gabinete era el negociador de Néstor y Cristina con el campo.

Radical de cuna, Magliano tiene más diálogo con el gobernador Juan Schiaretti que con sus correligionarios, y también le abrió la puerta a su ladero jesusmariense.

Fue el arquitecto de la campaña de Picat como candidato a intendente de Jesús María. Y su principal consejero. No han sido pocas las reuniones públicas y no públicas en las que el actual intendente se inclinaba levemente para escuchar las sugerencias, a modo de susurro, del dirigente ruralista hoy detenido por estafa.

En su rol de operador, y siempre con su barba bicolor y no muy prolija, lucía más cómodo que en el de empresario ganadero.

Pero las fechorías que lo llevaron a la cárcel no comenzaron con la desaparición de las 3.500 vacas.

Al menos un centenar de pequeños productores notificaron el año pasado que, de alguna manera, habían sido víctimas de la empresa de Magliano, Oleos del Centro. 

El festival de cheques rechazados era más comentado en Jesús María que el de la doma y el folklore. 

Los que se pusieron a sumar hablan de una cifra millonaria en dólares.

A principio de este pandémico año 2021 se fue de la Sociedad Rural, con el argumento de un problema personal, que no era otra cosa que una situación financiera complicadísima.

Pero parece que con embaucar a pequeños productores no alcanzaba, y tuvo que apelar a una maniobra de gran volumen, como ese contrato de engorde de ganado con una empresa de Buenos Aires con propiedades en casi todo el Norte argentino.

El operador de las camisas blancas no tuvo en cuenta que detrás de la firma aparecen importantes empresarios de la industria farmacéutica, y notables dirigentes políticos de Tucumán, también ligados al rubro de la salud. 

Y el costo de meterse con semejantes jugadores fue una denuncia penal, que tuvo curso rápido en la Justicia de Santiago del Estero, y que puso al ganadero-armador político entre las rejas.

Se lo contamos acá, porque va a ser difícil que lo lea en otro lado.

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