No olvidar: La Córdoba de Juan, arriba de la media nacional en pobreza!!

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Somos una de las provincias con mayor índice de pobreza, así como lo leés. ¿Sorprende? El corazón productivo del país tiene uno de los peores números superando la media a nivel nacional, según dio a conocer el INDEC la semana pasada. Hablamos con Gonzalo Assusa, quien nos explica algunas particularidades de las políticas económicas en el territorio cordobés.  

Por Redacción La tinta

Más de 20 años de gestión ininterrumpida con una marcada política económica neoliberal en nuestra provincia no son sin consecuencias. Hace trece días, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) publicó los datos de pobreza del primer semestre: 40,6% es la media nacional. El primer semestre de 2020 fue de 40,9% y el segundo semestre de 42%. Solo bajó un 1,4%. El índice de indigencia es del 10,7%. ¿Cuánto sigue interfiriendo la pandemia y de qué depende la recuperación y el descenso? 

El desagregado por edades indicó que más de la mitad (54,3%) de las personas de 0 a 14 años son pobres. Más de 18 millones de personas habitan hogares que no llegan a reunir ingresos para acceder a los bienes y servicios que componen la Canasta Básica Total ($68.000 para una familia de dos personas adultas y dos niñes o jóvenes), que es a partir de lo que mide el índice de pobreza el INDEC. 

Veamos un poco el recorrido histórico del índice de pobreza en nuestro país. Macri asumió con un nivel de pobreza que rondaba el 29%, según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, y terminó su mandato con 38%. Si bien el hambre radica en el presente, las genealogías en materia de políticas económicas y sociales ayudan a inscribir algunas explicaciones sobre dónde estamos. El gobierno de Macri decididamente gestionó contra el hambre y el empleo, deliberadamente no existieron políticas para bajar la inflación, mejorar los salarios y el poder adquisitivo ni generar empleo formal. Además, la vuelta del FMI nuevamente. Ahora, con una pandemia mediante, los índices siguen aumentando.

Los números de la pobreza en Córdoba

La pobreza llegó al 46,6% en el Gran Córdoba, aumentando 5,9 puntos en relación al mismo período del año pasado. La indigencia está en 10,8% y el incremento es de 2,7 puntos. Cifras que indican que estamos por encima del conurbano bonaerense o de la región del Noroeste. 

Sabemos que los números nunca alcanzan a reflejar la realidad concreta, lo personal de la vida diaria de cada familia que vive en situación de pobreza o indigencia. Otras veces, no se quiere dimensionar e, incluso, hay una tendencia a naturalizar y/o invisibilizar. ¿Por qué el corazón productivo del país tiene un índice mayor a la media nacional y a las regiones históricamente más castigadas? ¿Cómo es que una de las provincias que más aporta a la riqueza nacional tenga estos índices? ¿Estamos en un proceso de incremento de concentración de la riqueza? Conversamos con el sociólogo Gonzalo Assusa, investigador del Instituto de Humanidades (IDH) del CONICET y profesor en la Facultad de Artes en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), quien nos recuerda que los índices superiores de nuestra provincia en relación a la media nacional no es algo nuevo. 

“En 2016, Córdoba superaba 10 puntos la media nacional. El gobernador Schiaretti mandó a hacer una encuesta propia a la Dirección de Estadística Provincial. Imputaron a los hogares ingresos que tenían a partir de políticas, que no eran estrictamente de transferencia de ingresos, como el caso del PAICOR y el boleto educativo gratuito. Así el número quedó parecido a la media nacional. Un semestre después, la publicación del INDEC indicaba que en Córdoba se había bajado casi 10 puntos la pobreza. Algo totalmente inverosímil, incluso para países con otros índices de desarrollo”, detalló el investigador. 

Más de 20 años de gestión con una agenda neoliberal (más que otras provincias de la región pampeana) es en parte lo que explica los índices de pobreza, pero, sobre todo, cómo se produce riqueza, mundo habitacional, mercado inmobiliario, servicios públicos, educación y salud. Es importante destacar las alianzas que sostienen este modo de hacer gestión. 

“Quienes marcan, diseñan e inciden en las políticas de gobierno en nuestra provincia son los denominados ‘intelectuales orgánicos’ de la alianza gobernante. Precisamente, quienes están a cargo de las grandes empresas, los think tank de la provincia, el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), y la Fundación Mediterránea, por ejemplo. Da la sensación que existe una agenda prioritaria sobre los intereses empresariales. De hecho, el Gobernador, luego de las PASO, salió con un pedido por los empresarios del agro (no por la agricultura familiar). Ante la duda, parece que la prioridad es la rentabilidad y, si hay que ajustar, es en los salarios”, detalla Assusa sobre el particular escenario local. 

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(Imagen: La tinta)

Ayer, en la de La Voz del Interior, una nota titulada: “Córdoba, más pobre que el conurbano bonaerense: ¿qué nos pasó?”, prosigue preguntando, “¿cómo es que una provincia cuyo discurso público pivotea sobre la integración social que garantiza el trabajo tenga casi 20% más de pobres que el conurbano bonaerense?”. Para el investigador, resulta curioso que uno de los argumentos que explicaría la mayor cantidad de personas en situación de pobreza en la provincia es que tenemos menor empleo público, comparativamente con Santa Fe y Buenos Aires. El segundo argumento es que tenemos mayor tasa de empleo privado y es el que más afectado se vio en la pandemia, por estar atado a la producción real. El último argumento es la inflación. La matriz de lectura de los índices de pobreza es claramente liberal, advierte el sociólogo, y parecen faltarle otras aristas de análisis. 

Ya sabemos que la pandemia empeoró y aceleró el mapa de la desigualdades que estaban insertas en la estructura social, esto sucedió en todo el mundo y no solo acá. “El desafío central es dejar de pensar de manera aislada la pobreza y comenzar a pensar de manera articulada e integral la producción social de la riqueza y de la pobreza. Que existan grandes contingentes de personas privadas de recursos y derechos básicos está directamente relacionado con el modo en que se produce riqueza, absolutamente acumulada y apropiada de manera privada y sin ningún tipo de regulación e intervención. Hoy, está en agenda la reforma impositiva de carácter progresivo, algo que hace 10 años no estaba y que es una gran deuda. Ese tipo de políticas permitiría avanzar estructuralmente sobre una mejor situación en relación a la cuestión social que no se concentre en la pobreza de manera aislada, sino entendida en relación a cómo los ricos se apropian de gran parte del producto”, explica Assusa. 

Hay un sentido que circula y refuerza que la solución a la pobreza se resuelve con la generación de empleo. “Hay que tener cuidado porque es una confusión ideológicamente sesgada y planificada. Si lo que se genera es empleo precario, eso no resuelve nada, más bien, reproduce la situación existente. El ejemplo es México, donde los números del desempleo son bajos, pero existe una gran desigualdad y precariedad laboral, porque el sector de trabajo informal es enorme. El mercado de trabajo es el que funciona como correa de transmisión de las desigualdades, en la medida que se fortalezca la regulación colectiva, la organización en les trabajadores y no se flexibilice, es más factible resolver la cuestión”, aclara y advierte que el mundo del trabajo no funciona de manera aislada. 


El entrevistado remarca el avance que ha significado el ingreso de la mano de los feminismos, de los trabajos de cuidado no remunerados en la agenda pública. Políticas centradas en el reconocimiento de estas tareas será un gran avance sobre la problemática del empleo, la desprivatización de ese mundo laboral no reconocido y la problemática de la pobreza. Ya sabemos que son las mujeres e identidades feminizadas quienes más castigadas se encuentran. 


El diario Infobae sacó, inmediatamente a conocerse los datos del INDEC, una infografía comparando los índices de pobreza con otros países de la región. Un modo tendencioso de informar, a la vez que con algunos errores en lo que se compara. “Cada país fija lo que entra dentro de su canasta básica a partir de encuestas de consumo o de gastos del hogar, comparar en relación a esos consumos no tiene sentido. Por ejemplo, Chile tiene menos pobreza en términos estadísticos que Argentina, pero si medimos en Chile con la canasta nuestra, la tasa de pobreza sube sustancialmente. El índice Gini es mucho más homogéneo a la hora de hacer comparaciones. Parece que hay un fetiche con el número, hay una escandalización cuando superamos el 40%. Es cierto que durante todo el siglo XXI no hemos logrado bajar el piso del 25%, incluso en los mejores índices de crecimiento. Eso indica un freno estructural a cualquier proyecto de desarrollo sustentable y viable, pero, al mismo tiempo, tendríamos que estar mucho más preocupados por caracterizar esas poblaciones, esas condiciones, los principales núcleos y cuál es la forma de intervenir de manera más eficaz e integral, y no andar midiéndonos la vara con los países vecinos o de otras latitudes. Los ranking no nos suman demasiada capacidad de acción de diagnóstico y de gestión”.

Los movimientos sociales, allegados y no tan allegados al Gobierno nacional, se han expresado sobre la situación de pobreza que se vive en los barrios. Los pedidos han sido claros, el aumento de precios en los alimentos y la pérdida del poder adquisitivo resquebrajan la vida diaria. Hoy, organizaciones nucleadas en la Unidad Piquetera realizan un Ollazo Nacional contra el Hambre en distintos puntos del país. 

*Redacción La tinta / Imagen de portada: La Obrera Colectivo Fotográfico.