Ocultar al titiritero

En las finanzas globales no existen lealtades políticas. Solo la ley de la jungla y la maximización de ganancias

POR MÓNICA PERALTA RAMOS

Según un proverbio chino, el tiempo es como el fluir de un rio: se escurre constantemente y nunca vuelve atrás. Por estos días, sin embargo, jirones de tiempos pasados muerden las turbulencias del momento que vivimos. La Argentina se precipita caóticamente en una crisis de magnitudes insospechables y voces de otras crisis ya vividas se escuchan a diario. Sin embargo, las circunstancias son muy diferentes. El viejo mundo muere estrepitosamente ante nuestros ojos, pero el nuevo tarda en aparecer. En ese claroscuro que invade nuestro presente, se vislumbran viejos monstruos que acechan aquello que aún no fue parido. A una semana de la estruendosa derrota del gobierno en las PASO, los tiempos de la crisis económica se aceleran arrasando a la política y poniendo en jaque a las instituciones del país. El avasallador triunfo del Frente para Todos modifico al escenario político e institucional y precipitó una crisis que, si bien latente, amenaza ahora con desbordar y llevarse consigo a Macri y a su gobierno.

Hacia el control de la voluntad popular

El Presidente y el FMI montaron un engranaje formidable para asegurar la continuidad de este gobierno después de las elecciones de octubre. El préstamo del FMI fue utilizado para garantizar un dólar ficticio capaz de dar seguridad de cambio a la especulación financiera y permitir, al mismo tiempo, un mejor posicionamiento de Macri en las elecciones. El viernes previo a las PASO dos firmas encuestadoras cercanas al gobierno rompieron la veda electoral y vaticinando un empate en las PASO crearon, con apoyo oficial, un clima de euforia ficticia. El gobierno había planificado un posible control de los resultados electorales contratando para el manejo de la información a una empresa de dudosa reputación. La falta de idoneidad de la empresa y la inseguridad del sistema utilizado fueron cuestionados judicialmente por la oposición. Sin embargo, los ciudadanos acudieron a las urnas el 11 de septiembre sin que la sospecha de posible manipulación oficial en la transmisión y distribución de la información hubiese sido erradicada.

Finalizada la votación, la falta de noticias respecto a los resultados creó un clima de creciente tensión. Sabiendo que la avalancha opositora era imposible de ocultar, un Macri desencajado finalmente anunció que el gobierno había tenido una mala elección. Sostuvo que en octubre se revertiría este incidente y propuso que todo el mundo se fuese a dormir. Este sería el inicio de una serie de traspiés de un Presidente que, deshilvanado, pretendía seguir controlando el futuro del país.

Sembrando el caos para ganar en octubre

El resultado de las PASO marcó la derrota del oficialismo en casi todo el país y alejó la posibilidad de revertir los resultados en octubre. Vidal fue abrumadoramente derrotada en la provincia de Buenos Aires. El conjunto de estos resultados desencadenó al día siguiente una jornada de pánico financiero que persistió a lo largo de la semana, dejando a la vista la endeblez del engranaje montado por el gobierno y el FMI, la vulnerabilidad política de Macri y su gobierno y la posibilidad de un peligroso vacío de poder en circunstancias que enardecen los conflictos sociales existentes. Un gobierno dividido, abandonado por sectores importantes de su electorado, enfrenta ahora el desbande de sus aliados políticos. Sin tener un plan alternativo, Macri mostró esta semana que la derrota nunca entró en sus planes. Ahora se encuentra en la peligrosa situación de tener que competir nuevamente en octubre, sabiendo que probablemente será derrotado y debiendo asegurar al mismo tiempo la transición hacia un nuevo gobierno.

Su primera reacción ante el resultado de las PASO fue fugar hacia adelante y utilizar a fondo la estrategia de manipulación por el miedo utilizada a lo largo de la campaña electoral. En la mañana del lunes se reunió con el presidente del BCRA, para planear las medidas a tomar frente a una posible corrida cambiaria. Sin embargo, permaneció inactivo por varias horas. Finalmente, la persistente presión sobre el dólar de grandes fondos financieros extranjeros buscando fugar hacia el primer mundo destrabaron la inercia del BCRA. Este desplegó entonces toda su artillería para tratar de contenerlo interviniendo en el mercado de dólar futuro, aumentando la tasa de interés al nivel récord de 74,751% y vendiendo parte de sus reservas netas.

Esto, sin embargo, no fue suficiente y la jornada dejo como saldo récords históricos en el valor del dólar, que llegó a casi $ 60, y en el Riesgo País que alcanzó su mayor nivel en 10 años cerrando a 1467 puntos. La plaza financiera local tuvo una de las sesiones más alocadas desde las crisis de 1989 y 2001, con un derrumbe de hasta el 59% del valor de las acciones argentinas que cotizan en Wall Street, el desplome del 37,9% de la bolsa porteña, la perdida de hasta 32% del valor de los bonos, un salto del 23% del valor del dólar y una disparada del 68% del Riesgo País. Medido en dólares, el derrumbe del valor de las acciones locales fue del 48%, el segundo mayor de la historia de todos los mercados del mundo en los últimos 70 años. (bloomberg.com 12 8 2019).

Estos estragos deterioraron seriamente el proyecto de Macri y su permanencia en el poder. El principal daño fue provocado por la estampida de grandes fondos de inversión norteamericanos que, insertados en la especulación local, lideraron la corrida hacia el dólar y sufrieron considerables pérdidas tanto el lunes como en días subsiguientes. En 2018 uno de estos fondos —Templeton—, compró Botes y otros activos financieros y se convirtió en el principal fondo de inversión extranjero en la Argentina con una asignación del 12% de sus fondos globales a la especulación en el mercado local. Templeton Emerging Markets Bond Fund perdió el lunes pasado un 3,8% de su valor. Esta fue la caída diaria más grande de este fondo desde la crisis financiera de octubre de 2008 (zerohedge.com 13 8 2019). Otros grandes fondos de inversión también fueron perjudicados. Entre ellos: Pimco, Blackrock, Goldman Sachs Asset Management y Fideliy (ft.com 2 8 2019; reddit.com 13 8 2019; zerohedge.com 13 8 2019/ 15 8 2019).

Indiferente ante esta situación, ese mismo día Macri dio una conferencia de prensa una hora y media después de que cerraran los mercados. En ella dejó trascender su estrategia electoral. Sin anunciar ninguna medida destinada a contener el tembladeral financiero, expreso su furia ante su derrota electoral y responsabilizó al kirchnerismo por generar la desconfianza que precipitó la debacle financiera. Finalmente sugirió que solo el voto al oficialismo en octubre permitiría evitar que sobrevenga el caos total en el país. Ignoró el significado de la corrida cambiaria y de su derrota electoral y mostró total indiferencia ante el abandono de buena parte de los votantes que en 2015 lo llevaron al gobierno.

Mientras tanto en el mundo de las finanzas internacionales no se perdió tiempo. Goldman Sachs, una de las instituciones más poderosas e influyentes del sistema financiero internacional y de la política económica norteamericana, comunicó las razones por las que consideraba que la derrota electoral de Macri era irreversible y advirtió sobre la necesidad de ignorar en el futuro “a las encuestas y a maniobras políticas específicas”, convocando en cambio a focalizar la atención “en los grandes rasgos de la agenda económica de una probable administración Fernández- Kirchner” (zerohedge.com 12 8 2019). Esta bajada de pulgar a la continuidad de Macri habría de incidir inmediatamente en la percepción local sobre el rumbo que había tomado el país. Pronto se escucharon voces de políticos, empresarios y periodistas afines al gobierno convocando a una transición que asegure gobernabilidad. Algunos empresarios muy cercanos a Macri llegaron a sugerir la posibilidad de que este abandone su candidatura y apoye a Lavagna en las próximas elecciones (pagina12.com 12.8 2019).

Hacia una nueva estrategia electoral

Así, el encierro del gobierno de Macri y del propio FMI en una trampa autoinducida empieza a salir a la luz del día. Las políticas utilizadas hasta ahora para controlar la corrida cambiaria no son suficientes. La tasa de interés ha llegado a un nivel en el que, en lugar de ser atractiva, expresa la posibilidad de inminente caos y default. La corrida del lunes y las perdidas infligidas a los capitales golondrina exponen la dificultad de obtener en el futuro inmediato nuevas inversiones financieras del exterior. También muestran los limites existentes a la liquidación de divisas de exportación en condiciones de total falta de regulaciones y en un contexto político y económico incierto. Quedan entonces solo las reservas netas del BCRA, que se pueden esfumar rápidamente en una corrida de envergadura y no podrán ser sustituidas rápidamente. De ahí que la imposición de alguna forma de control de cambios que impida la fuga de capitales y la necesidad de adelantar las elecciones empiezan a ser temas esbozados por analistas financieros locales, grandes empresarios y conocidos periodistas (cronista.com 13 8 2019, bae.com 14 8 2019; iprofesional.com 15 8 2019, ámbito.com 15 8 2019).

Otros fantasmas del pasado irrumpieron en la escena política, con las primeras voces de proveedores, comerciantes y productores pymes alertando que “no hay listas de precios” por lo que “nadie quiere vender insumos” (ámbito.com 12 8 2019). Pronto la preocupación por el desabastecimiento de insumos básicos en las cadenas de valor y la inquietud por la falta de alimentos en los supermercados y comercios, empezaron a tomar estado público (ámbito 13 8 2019). En un clima de remarcación frenética de precios, poderosos actores sociales empiezan a utilizar al desabastecimiento para incidir sobre el rumbo político del país. La hiperinflación se agazapa ahora a la vuelta de la esquina. Asimismo, la escasa existencia de harina en las panaderías de Buenos Aires pone en evidencia que la corrida cambiaria ya no tiene por escenario el abstracto mundo de las finanzas. Los dólares empiezan a hacerse carne en los precios de los alimentos y golpean brutalmente a los hogares más vulnerables (ámbito.com, bae.com 13,8 2019).

La combinación letal de corrida cambiaria, dolarización, sequía permanente de dólares, depresión económica, desabastecimiento e hiperinflación y varios meses de transición política por delante —meses que serán gestionados por un gobierno que no ha vacilado en manipular el Estado de Derecho y las reglas del juego democrático— marcan la gravedad de la crisis actual. Olfateando los peligros que se ciernen sobre la continuidad de su gobierno, el miércoles Macri pidió perdón a la población por sus dichos en la conferencia de prensa del lunes pasado y los justificó porque “estaba muy afectado por el resultado del domingo, sin dormir… sepan que los entendí”. Luego de estos exabruptos de una nueva fe, anuncio una serie de medidas económicas que “van a traer alivio… a todos los trabajadores, pymes y cuentapropistas”. Entre otras medidas anunció: aumento del salario mínimo y de las becas Progresar, congelamiento por 90 días del precio de la nafta y de los combustibles, aumento del 20% del piso para el impuesto a las ganancias; dos pagos extras de $1000 por hijo a los trabajadores informales y desocupados; un bono de $5000 a fin de mes a trabajadores públicos y a las fuerzas armadas y de seguridad, y plazos de 10 años a las pymes para ponerse al día con las deudas contraídas.

Estas medidas cortoplacistas reiteran la estrategia electoral de 2017 y sólo buscan asegurar votos para el oficialismo. No alcanzan a mitigar el impacto de la inflación pasada ni el de la devaluación de esta semana. Además, dejan intacto el andamiaje financiero montado por el FMI y no protegen del traslado a precios en forma anticipada de mayores ganancias en sectores claves de la economía que son controlados monopólicamente. Las grandes petroleras fueron las primeras en rechazar de cuajo el congelamiento de los precios del petróleo y los combustibles por 90 días y al tipo de cambio vigente antes de las PASO. De concretarse la amenaza oficial de aplicar la ley de Abastecimiento si no se respeta el congelamiento, se generará un conflicto imposible de absorber por este gobierno.

Luego de tres días de corrida furiosa y fuga de capitales, el BCRA perdió U$S 2.078 millones de dólares de sus reservas. El miércoles, luego de la conferencia de prensa de Macri, perdió un total de U$S 810 millones de dólares. Ese día el dólar subió un 8% y el riesgo país llego a los 1935 puntos. El jueves el BCRA anuncio nuevas medidas destinadas a controlar la oferta de dólares de las entidades bancarias. Esta medida, a implementarse a partir del 20 de septiembre, dispone que los bancos podrán tener dolarizados solo el 5% de sus carteras. Ese jueves el dólar bajó algo, llegando a los $ 60 en el Banco Nación. Luego de conversar el miércoles con Macri, Alberto Fernández sostuvo que un dólar valuado en $60 era razonable y enfatizo la necesidad de preservar las reservas del BCRA.

La estrategia de Macri busca ahora algo más que posicionarse para las elecciones. Se trata de arrojar humo sobre la coyuntura política con el objetivo de disociar a la gestión del FMI de la debacle electoral. Las piruetas de un Macri deshilvanado oscurecen la gestión del titiritero que mueve los hilos del ajuste y de una deuda creciente de carácter insostenible. Con la excusa de garantizar la gobernabilidad, se buscará ahora involucrar a los candidatos de la oposición en la gestión diaria de este descalabro buscando atraparlos en la estrategia del endeudamiento ilimitado perseguida por el FMI y el capital financiero internacional.

El contexto internacional

Las protestas callejeras en Hong Kong se han convertido en el principal desafío al gobierno chino desde 1997. El aeropuerto fue impedido de operar durante los primeros días de la semana. El jueves dirigentes de la oposición convocaron a retirar masivamente fondos de los bancos en Hong Kong para provocar una corrida bancaria en China (zerohedge.com 15 8 2019). La situación de Hong Kong sumada a la creciente tensión de una guerra comercial convertida en guerra de monedas y a la debacle financiera en nuestro país impactaron sobre el mercado financiero global. El precio de las acciones en los Estados Unidos cayó estrepitosamente, siendo las más afectadas las de los grandes bancos. El miércoles el Dow Jones registró la cuarta caída más grande de su historia. Paralelamente se produjo gran afluencia de capitales buscando seguridad en el oro, el yen japonés, los bonos del Tesoro norteamericano e incluso en los bonos de países que, como Alemania y Japón, tienen rendimientos negativos.

El spread negativo entre los bonos del Tesoro norteamericano de corto y largo plazo, especialmente entre 3 meses y 10 años, ha acompañado todas las recesiones de la economía norteamericana a lo largo de los últimos 50 años. Hoy este spread permanece en territorio negativo desde mayo. Esta semana la inminencia de recesión adquirió nueva notoriedad por el spread negativo entre los bonos del Tesoro de 2 y 10 años, fenómeno que no ocurría desde mayo de 2007. Esto motivó furiosos twitts de Trump contra el presidente de la Reserva Federal, acusándolo de provocar la “loca inversión de la curva de rendimientos” y la peor caída del precio de las acciones en lo que va del año. Esto sucede en circunstancias en que el total de deuda global en dólares con tasas de interés negativas se ha duplicado desde 2018 y supera los U$S 15 billones de dólares (trillions) (washingtonpost.com 14 8 2019).

En este mundo altamente interconectado financiera y económicamente, un incidente inesperado puede producir espasmos de consecuencias imprevisibles. La experiencia de nuestro país esta semana muestra que en este mundo no existen lealtades políticas. Solo rige la ley de la jungla: la rápida maximización de ganancias monopólicas.

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