El presidente que no puede dejar de ser hincha

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Cualquiera que haya tratado al presidente de la Nación en una charla futbolera sabe que en su interior anida un apasionado por la pelota, pero sobre todo un hincha de Boca furioso, por momentos irracional.

Lo demostró en 2015, cuando en el crucial primer debate presidencial se permitió una chicana ante el comentario de Luis Novaresio de que el programa estaba teniendo mejor rating que el fútbol. “Será que River anda mal”, disparó el entonces candidato, dándose un lujo insólito en una elección que se presentaba -y lo fue- muy ajustada.

Días atrás, Mauricio Macri habló “como simple ciudadano” de un tema delicadisimo como es el de la seguridad. Muchos lo vieron como un error, otros lo consideraron un acierto, en especial aquellos que saben escrutar las corrientes profundas de las encuestas.

No es racional pensar que al presidente de la Nación se le pase por la cabeza influir en la Superliga del fútbol argentino, pero aquellos que sí lo creen tienen una voz muy fuerte: medio estadio de River, como semanas atrás el de San Lorenzo, e incontables posteos en las redes sociales. Por algo, el Macri presidente se cuida de hablar en público “como simple hincha”. Las pasiones, en el fútbol, no entienden de pertenencias políticas. Fue evidente el domingo en el Monumental, con votantes de Macri insultando a Macri, aunque políticamente lo sigan respaldando.

El deporte es un asunto esencial para cualquier gobierno. Bien llevado, contribuye a reducir el gasto en seguridad y salud, y funciona como complemento ideal del sistema educativo. Pero si no se aspira a tanto, si un gobierno no se toma en serio aquello de que el deporte es salud, siempre le queda la posibilidad de acercarse a futbolistas, tenistas, basquetbolistas o lo que fuere para ganar en carisma y popularidad. Lo hacen casi todos los gobiernos, y no es precisamente el de Macri el que más pueda ser criticado en ese aspecto.

Si Guillermo Barros Schelotto pisó el lunes la Casa de Gobierno, apenas 15 horas después de los insultos al jefe del Estado en el Monumental, fue ni más ni menos que porque el presidente es un hincha. Mauricio Macri necesita ver cada par de meses al técnico de Boca para estar al tanto de todo lo que sucede en el club que presidió por doce años.

La pregunta es si el presidente de la Nación, en un día de alto voltaje político en la Casa Rosada, debía mantener a rajatabla una cita con su amigo Guillermo que sólo sirvió para que los conspiracionistas del fútbol sintieran confirmadas sus sospechas. La respuesta es sencilla. Nada que ver con lo de Rogelio Frigerio, Ministro del Interior e hincha de River, que le arrancó ayer a Gabriela Sabatini la promesa de jugar un dobles mixto.