Schiaretti y Llaryora le prenden velas a Massa y ruegan por calma

El gobernador y el intendente temen que la profundización de la crisis nacional afecte de lleno sus administraciones. Seguirán siendo opositores, pero con canales de diálogo con la Nación.

Roberto Battaglino

En el Centro Cívico y en el Palacio 6 de Julio coinciden en que lo ocurrido en los últimos días en el plano político era más o menos lo que se esperaba. La llegada de una especie de intervención interna a un gobierno sin rumbo, transido por las peleas personales y paralizado por incapacidades y falta de liderazgos, no sólo era previsible sino que había sido anticipada hace ya varias semanas por los interlocutores nacionales de Juan Schiaretti y Martín Llaryora.

El gobernador y el intendente comparten preocupación por la profundidad de la crisis. Coinciden en que una agudización los terminaría impactando de manera directa, más allá de que tengan una postura discursiva de no ser parte del oficialismo nacional.

Para gestionar, se necesita calma, repiten en la Provincia y la Municipalidad de Córdoba. Las turbulencias empezaron a golpear las puertas de una eventual paralización de obras y otros emprendimientos, ya sea por problemas de fondos o por falta de insumos.

Además, interpretan que si se produjera una crisis generalizada y extendida, buena parte de la sociedad no distinguiría alineamientos políticos ni los colores partidarios de quienes la gobiernan, sino que descargaría su malestar en contra de quienes administran.

Además, estas situaciones dan más exposición a dirigentes diestros en arengas mediáticas de alto impacto. Dicho de otro modo, Luis Juez –el casi seguro candidato a gobernador de la oposición provincial– ya demostró que se mueve mucho mejor y obtiene mejores resultados electorales en aguas turbulentas que en estanques calmos.

No es casual que Llaryora haya enviado emisarios a la ciudad de Buenos Aires para sondear en los medios nacionales probables caminos que permitan neutralizar a su probable rival electoral el año que viene en Córdoba.

Tampoco es casual que Schiaretti haya decidido levantar el perfil y tener más apariciones públicas con temas de la agenda nacional.

VIEJOS CONOCIDOS

Porque tienen administraciones a cargo y por el perfil que levanta el adversario en estas situaciones, Schiaretti y Llaryora imploran calma. No lo admitirán en público, pero ven con buenos ojos la intervención de Sergio Massa al timorato Alberto Fernández, que hasta pide permiso para hablar en los actos que supuestamente encabeza.

Llaryora tiene un vínculo político y personal con Massa desde hace casi 30 años. Ambos militaban en el orteguismo, que era una especie de desprendimiento del menemismo comandado por Ramón “Palito” Ortega, quien soñaba con ser presidente de la Nación desde la estructura del Ministerio de Desarrollo Social, en las postrimerías del segundo mandato de Carlos Menem. Llaryora todavía no era concejal en San Francisco y Massa tenía su primer cargo en un Ejecutivo, como asesor del tucumano.

Martín Llaryora, Sergio Massa e Ignacio García Aresca, el 3 de enero de 2019 en San Francisco (Municipalidad de San Francisco).
Martín Llaryora, Sergio Massa e Ignacio García Aresca, el 3 de enero de 2019 en San Francisco (Municipalidad de San Francisco).

Pero el intendente ya dejó claro que ese vínculo de años no impactará en el alineamiento político y que seguirá siendo el gobernador el que defina la relación con el Gobierno nacional.

Y Schiaretti seguirá jugando de opositor, evitará las fotos con los funcionarios del Frente de Todos, aunque mantendrá –como lo viene haciendo desde que asumió Fernández– canales formales e informales con los principales despachos nacionales del poder.

Eso sí, aquella remota y más que hipotética proyección nacional que alguna vez insinuó el gobernador es probable que quede sepultada por completo si Massa se consolida como una figura fuerte. El ministro de Economía amaga con un perfil discursivo muy parecido al del gobernador. Y si no fracasa, dejará esa ya angosta avenida del medio convertida en una sendita.

Pero las urgencias locales son otras. Necesitan que haya diques de contención para una crisis que empieza a tener manifestaciones de hastío y bronca en la ciudadanía. Y por más que digan que tienen sus administraciones equilibradas y con salud financiera, las falencias y urgencias que muestran tanto la Provincia como la Municipalidad los obligan a estar más que preocupados.