Terremoto en el oficialismo, temblor constante en la oposición

El escándalo por el fallido recital de Ulises Bueno tuvo un costo abrumador para Llaryora, y el PJ asumirá otro cimbronazo legislativo con la aprobación de la re-reelección. La oposición podría celebrar, pero las cavilaciones de la UCR suman tensión permanente.

Virginia Guevara

La política se percató de lo que ocurría mucho después que los cordobeses de a pie. Los pedidos de informes por la controvertida contratación directa de la productora Enjoy Night llegaron al Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba cuando el show de Ulises Bueno ya estaba suspendido por las oleadas de indignación virtual.

Las críticas de los opositores llegaron mucho después que la viralizada furia de los vecinos por el gasto de 43 millones de pesos que estaba por concretar el municipio capitalino para hacer un gran baile de cuarteto. Las explicaciones municipales naufragaron una tras otra en ese mar.

El intendente Martín Llaryora fue el blanco de la ira implacable de las redes sociales y pagó un costo político abrumador, que llegó a descolocar a la entrenadísima escudería comunicacional de la que dispone Hacemos por Córdoba.

La oposición también quedó desconcertada durante varias horas en ese terreno desconocido –sin manifestaciones, sin denuncias, sin renuncias– en que se desarrolló la mayor crisis política que afrontó el peronismo en el poder municipal.

TSUNAMI DE SENTIDO COMÚN

Entre la tarde del jueves y el mediodía del viernes ninguna opinión fue más importante que el tsunami de sentido común que los cordobeses impusieron desde sus teléfonos inteligentes. En ese terreno hasta ahora desconocido para la política cordobesa, se produjo el terremoto que tuvo epicentro en el Palacio 6 de Julio. Una nueva era de crisis políticas irrumpió en Córdoba.

Las consecuencias de semejante cimbronazo no están a la vista: se suspendió el show, pero fueron confirmados en sus cargos los funcionarios responsables de la contratación y también fue ratificada la política de grandes eventos para promocionar turísticamente a la ciudad.

El intendente partió a Estados Unidos por una semana convocado por AmCham, mientras que este domingo empezaron a llover expedientes con otras contrataciones vinculadas a grandes eventos que ya pasaron hace meses por el Tribunal de Cuentas, en lo que se parece a un despertar de la principal función de contralor opositora.

Quedaron dos grietas cuya profundidad se desconoce: cuánto afectará este episodio la buena imagen que la gestión Llaryora venía cosechando y cuánto restará a la autonomía política que el intendente intenta desplegar como candidato a gobernador respecto del todopoderoso poder del schiarettismo histórico.

Abundan las interpretaciones sobre ganadores y perdedores puertas adentro del peronismo. Se reitera al infinito la pregunta respecto de quién disparó el “megaevento” político que representó la carta de Ulises Bueno. A las hipótesis de fuego amigo entre funcionarios municipales, no las sustentan ni siquiera los perjudicados directos. La conclusión siempre es la misma: el perjuicio es para Hacemos por Córdoba. A un año de las elecciones, se trata de una crisis remontable.

A un mes, un fenómeno similar puede definir una elección.

El peronismo cordobés no parece amilanarse por la experiencia. Confiado en que la re-reelección de intendentes y legisladores jamás será tan convocante como un show de Ulises Bueno, todo indica que el oficialismo –con el guiño de un sector de la oposición y de todos los intendentes que quieren volver a presentarse y no pueden– aprobará el miércoles un nuevo cambio en la legislación electoral.

Justo antes de que comience el receso y también un día 29, tal como ocurrió en diciembre con el juego online.

REGLAS CLARAS, SE BUSCAN

La oposición podría festejar el saldo que le deja la semana fatal del candidato a gobernador del peronismo. El regocijo es generalizado, pero la celebración no termina de organizarse: Luis Juez y Rodrigo de Loredo mantienen viva la candidatura provincial con dos cabezas que altera a todo Juntos por el Cambio, las reglas de juego para definir quién encabezará la fórmula siguen igual de indefinidas que siempre, y en el radicalismo no cesan las jugadas en tándem con el schiarettismo. Es un temblor constante el que rodea a la construcción opositora.

Nada que sorprenda demasiado en Córdoba, pero cruzando ahora las fronteras. La figura nacional de Facundo Manes –el precandidato presidencial mejor posicionado de la UCR– es hoy la piedra de la discordia.

Un grupo de intendentes radicales encabezados por la intendenta de Juárez Celman, Miryam Prunotto –escoltado por el legislador Orlando Arduh– visitó al neurólogo en Buenos Aires, y al regreso de la comitiva volvieron las versiones sobre la posibilidad de una sociedad nacional entre Manes y el gobernador Juan Schiaretti. Hay nueva reunión en puerta y algarabía en el Centro Cívico.

La hipotética sociedad futura entre Manes y Schiaretti es pura incertidumbre, pero el efecto de inquietud que las versiones generan sobre la oposición cordobesa es inmediato y muy razonable: el sentido mismo de la construcción provincial que hoy intentan la UCR, el PRO, el juecismo y la Coalición Cívica estaría en riesgo si esas versiones superaran la barrera de la política-ficción. Parece de novela, pero Gerardo Morales, el titular de la UCR nacional, también se refiere a Schiaretti –ahora, también al santafesino Omar Perotti– cuando habla de sumar peronistas.