Un alto jefe policial, investigado por enviarle fotos desnudo a una subordinada

Ocurrió en el sur de Córdoba. La mujer venía siendo perseguida durante años por su superior y debió pedir licencia psiquiátrica y luego pase a tareas no operativas. Sin embargo, su superior siguió acosándola, incluso hasta enviarle fotos íntimas y pedirle que hiciera lo mismo. La subordinada fue echada de la fuerza y el jefe fue ascendido.

POR ADOLFO RUIZ

A Mariela Neira (46 años, separada, madre de dos hijos) siempre le tocó ser la única mujer en el lugar de trabajo. En plena crisis de 2002 ingresó a la Policía de Córdoba, y la asignaron a una dependencia del sur provincial, en la comisaría de Corral de Bustos.

Ella amaba su trabajo porque amaba el servicio. “Me ha tocado ayudar a mucha gente”, asegura. Y lo que más recuerda son las veces que ha tenido que asistir a suicidas o personas que amenazaban con agredirse, presas de una crisis de nervios. “Me pasó varias veces y noto que como policía una es una servidora de la gente, por eso me gustaba esta profesión”, le contó a MARCA INFORMATIVA.

Pero esa carrera sencilla de servicio comenzó a atravesar serios inconvenientes desde el momento en que un jefe puso el ojo en ella. Y no con el criterio profesional de un superior, sino para algo que muchas uniformadas padecen casi cotidianamente, no sólo en Córdoba sino en todas las provincias.

Desde que Mariela empezó a ser víctima de acoso sexual de parte de su jefe inmediato, el comisario Mauricio Mielgo, las cosas no volvieron a ser como antes. “Es horrible, porque comenzás a estar incómoda en el trabajo, ya no podés hacer tus tareas con tranquilidad, estás deseando que esta persona no aparezca. Te cambia todo”, confesó.

Es horrible, porque comenzás a estar incómoda en el trabajo, ya no podés hacer tus tareas con tranquilidad, estás deseando que esta persona no aparezca. Te cambia todo 

Cada vez que se la cruzaba, este superior aprovechaba para hacerle algún comentario sexista acerca de su cuerpo. O le enviaba mensajes de texto privados, haciéndole sugerencias fuera de lugar o invitándola a salir.

“Es difícil, porque es tu superior, y vos tenés obligación de obedecer y de contestar. Te pone en una situación en la que no sabés cómo actuar, porque en la policía todo es verticalidad”, contó.


IMPOSIBLE TRABAJAR ASÍ

Fruto de esta presión, que según Mariela comenzó antes del año 2016, las cosas fueron derivando primero en un pedido de licencia médica por un problema de pancreatitis, que luego su psiquiatra atribuiría al estrés laboral. Y luego a partir de febrero de 2018, estas licencias se convirtieron en carpetas psiquiátricas. “Era imposible seguir trabajando así”, comentó.

En agosto de ese año retornó a la actividad, ahora bajo la modalidad de Tarea No Operativa (TNO), un mecanismo que prevé la fuerza para aquellos empleados que no están en condiciones de volver a hacer tareas funcionales. “Yo pensé que al asignarme trabajos administrativos eso me iba a mantener alejada de este comisario”, contó, al señalar que la habían asignado al pueblo cercano de General Baldisera.

Era increíble, porque me mandaba mensajes diciéndome que yo era una porquería, una mal policía, que no servía para nada, que era una inútil. Pero al mismo tiempo intentaba siempre acercarse y me acosaba sexualmente 

Pero el acoso no cesó. Mielgo, quien acababa de ser ascendido y trasladado a la ciudad de Marcos Juárez, continuaba hostigándola con mensajes, quizás frustrado por no lograr su cometido. “Era increíble, porque me mandaba mensajes diciéndome que yo era una porquería, una mal policía, que no servía para nada, que era una inútil. Pero al mismo tiempo intentaba siempre acercarse y me acosaba sexualmente”, contó la mujer.

Mariela repasa en su celular los mensajes subidos de tono que le envió su superior, el comisario Mauricio Mielgo. 

Mariela repasa en su celular los mensajes subidos de tono que le envió su superior, el comisario Mauricio Mielgo.


CASTIGO ESCRITO

Esa negativa constante de la subordinada terminó repercutiendo directamente en la calificación que todos los años hacen los jefes sobres sus dependientes.

Y así fue como en el Informe de Calificación Anual de la cabo Mariela Neira, su superior, Mauricio Mielgo, el mismo hombre que desde hacía varios años la venía hostigando con propuestas deshonestas, descargó su frustración y le asignó calificaciones desastrosas. “Personal en TNO con muchos conflictos personales y laborales”, escribió el comisario, al pie de la helada cifra de 5.93 con el que calificó a Mariela y que la ponía al borde de la baja.

Su expulsión de la fuerza se materializaría unos meses más tarde. Pero antes, el 21 de octubre de 2018, un domingo en el que todo el país y también ella festejaba el Día de la Madre, los mensajes de Mielgo volvieron a aparecen en el WhatsApp de Mariela, ofreciéndole ayuda para que no se concretara su baja, y luego, obviamente, intentando avanzar por el terreno que más le interesaba.

Él siempre enviaba mensajes desubicados y los iba borrando. Yo me di cuenta y entonces comencé a capturar pantalla 

A una sucesión de sugerencias desubicadas, llegó un primer mensaje aún más fuera de lugar: “Mariela, mostrame los melones”. Sorprendida, asustada, sin saber qué hacer, la mujer intentó desviar la conversación. “Es difícil, porque es tu superior, sabés que puede hacer lo que quiera con tu carrera, más en esta circunstancia”, contó la mujer.

Y a ello le siguió una sucesión de fotografías que Mielgo de sacó de sus partes íntimas y se las envió a la mujer. “Él siempre enviaba mensajes desubicados y los iba borrando. Yo me di cuenta y entonces comencé a capturar pantalla”, le contó a este medio.

Y así fue cómo quedó registrado ese bochornoso mensaje de un alto oficial de la Policía de Córdoba enviándole fotos de su desnudez más burda a una subordinada.


CALLAR Y ESPERAR

Desde entonces, la mujer intentó por varias vías que se reviera su baja de la fuerza policíal. Con dos hijos a cargo y separada, no tenía otro ingreso. Fue recibida y escuchada en la Jefatura de Policía en Córdoba, siempre con la misma sugerencia: callar y esperar. Y también la constante promesa de que su situación se revertiría pronto.

Nada de eso se cumplió. Fue por eso que se acercó a la Unión de Policías y Penitenciarios de Córdoba (UPPAC), un grupo sindical que intenta ser reconocido como gremio y que ya obtuvo un fallo favorable de primera instancia en la Cámara Laboral Federal.

“Nosotros la atendimos como corresponde, como a una de las tantas trabajadoras que acude a nuestro gremio a buscar la protección laboral que le niega la fuerza”, contó René Zabala, histórico dirigente del sindicato. Zabala asegura que son numerosos los casos similares que reciben. “Hay montones de compañeras que sufren el acoso laboral, y no tienen adónde recurrir. Para colmo este tipo de casos son difíciles, porque si no tenés una prueba concreta y documentada, como se la puede ver en este caso, a la denuncia la dan vuelta y la víctima termina siendo perjudicada con sanciones o traslados.

Hay montones de compañeras que sufren el acoso laboral, y no tienen adónde recurrir. Para colmo este tipo de casos son difíciles, porque si no tenés una prueba concreta y documentada, la víctima termina siendo perjudicada con sanciones o traslados 

Pero en esta ocasión era distinto porque la prueba resultaba contundente. “La hemos decidido acompañar en una presentación ante el Tribunal de Conducta Policial, que por otra parte ya tenía el caso hace un año y medio y decidió cajonearlo”, cuenta el dirigente, señalando que esperan que ahora sea el propio Tribunal de Conducta el que lleve la denuncia a la justicia ordinaria. “Si no lo hiciera estarían incumpliendo una vez más sus obligaciones”, sostuvo.

Por vías no oficiales, esa dependencia ya confirmó que Mielgo está siendo investigado y que se le ha abierto un sumario interno.

Mientras tanto, Mariela decidió confiar la gestión de su caso en el sindicato y sólo espera que se pueda avanzar. “Yo no estoy pidiendo nada que no me corresponda. Sólo pido que se conozca la verdad”.

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